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Crisis y cambios en el Norte de Africa y el Medio Oriente : implicaciones para Venezuela y su política exterior en el contexto latinoamericano
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internacionales y mayor compromiso con la pérdida de legitimidad del compromiso con la responsabilidad de proteger responsabilidad de proteger La posición de Venezuela, que ha apuntado a destacar los riesgos del nuevo contexto, tiende también a exacerbarlos, en perjuicio de intereses y principios que pueden ser inferidos tanto de la Constitución como de lo conveniente para sus intereses, dada la situación estratégica presente del país, particularmente en su entorno regional. El entorno regional y los contrastes En el conjunto regional, es Venezuela el país que con más empeño ha sostenido su apoyo a los gobiernos que de modo más represivo han respondido a las protestas y rebeliones de la Primavera Árabe, con la adición inevitable de la cercanía al persa Irán, que tanto ha venido perfilando la naturaleza de los vínculos internacionales de Venezuela. En cuanto a los países latinoamericanos individualmente considerados, han prevalecido salvo por los miembros de la Alianza Bolivariana-, posiciones bastante moderadas y orientadas a guardar distancia. Respecto a Libia, Colombia reconoció en agosto de 2011 al Consejo Nacional de Transición. Por su parte, los cinco países más vinculados a la Alianza Bolivariana, en una reunión extraordinaria de su Consejo Político a comienzos de marzo de 2011, a través de sus cancilleres expresaron su apoyo al gobierno libio, su rechazo a la resolución del Consejo de Seguridad que aprobó la zona de exclusión aérea y la protección de la población civil, a la vez que respaldaron la ya comentada propuesta de una misión internacional humanitaria del presidente Chávez. En la ya mencionada sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Brasil, Argentina y México votaron a favor de la exclusión del gobierno libio. Destaca entre ellos el caso de Brasil que bajo la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva había tenido posturas muy pragmáticas en estos temas- cuya presidenta, Dilma Rousseff, sostuvo ante ese Consejo que Ningún gobierno se sustentará ya por la fuerza o por la violencia. Ningún liderazgo perdurará en medio de la exclusión, el desempleo y la pobreza. Ningún pueblo soportará ya en silencio la violación de los derechos humanos.(Arias, 2011). También hay que anotar a Brasil entre los países que en marzo de 2011 exigieron un cese al fuego como medida de protección de la población civil, a la vez que solicitó la apertura de diálogos como única forma de detener la escalada de violencia. Ahora bien, es importante reseñar que el mismo Comunicado de la cancillería de ese país, fechado 22 de marzo, precisó lo siguiente:"Brasil reitera su solidaridad con el pueblo libio en busca de una mayor participación y de una definición del futuro político del país, en un ambiente de protección de los derechos humanos". Dado este cuadro, no es por tanto extraño que la Unión de Naciones Suramericanas, que a instancias del gobierno venezolano discutió el caso a puertas cerradas en marzo de 2011 en Quito, no logró acordar una posición común, ni entonces ni ocho meses después, cuando ya Gadafi había sido desplazado del poder y ajusticiado. 9