En términos de política social educativa uno de los rasgos más característicos de esta administración fue la descoordinación. Mientras, por un lado, las misiones educativas se ofrecían como recipientes para recuperar a los desertores del sistema, por el otro, poco o nada se hacía para reducir los niveles de fracaso escolar y deserción. Curiosamente el aumento de la matrícula de las Misiones, especialmente la Ribas, no era sino la evidencia del fracaso de la escuela formal. Pero más allá de los promedios nacionales de asistencia escolar, cuando esta se segmenta por estratos sociales se destaca cómo mientras el 88% de los jóvenes entre 16 y 18 años de los estratos medios y altos asisten a algún centro educativo, en los pobres es poco mas de la mitad(54% para los que pertenecen a hogares en pobreza extrema). Estas diferencias se hacen aún más grandes cuando se trata de jóvenes entre 19 y 25 años. En este rango de edades, los que están en pobreza relativa asisten sólo un 34% y en pobreza extrema 15%, mientras que para los jóvenes de estratos altos y medios es casi 60%. Estas cifras indican que muy probablemente si se hubiese actuado sobre las causas no económicas de la deserción escolar, es decir las que tienen que ver con los problemas pedagógicos de la educación media, su poca articulación con el mundo productivo y los problemas de cupo, pues entonces se tendrían niveles de asistencia para toda la educación media cercanos al 100%, que es lo mínimo que podría aspirarse para lograr la superación de la pobreza. Los problemas del sistema educativo para atraer y mantener en la escuela a los jóvenes hace que en el país, el promedio de escolaridad siga rondando los 8 años, lo cual está bastante alejado de los 12 años que, en promedio, se aspira que alcancen quienes se inserten en el mercado laboral, para que puedan aspirar a una remuneración que los saque o mantenga alejados de la pobreza. Mercado laboral Para el caso venezolano existe una importante correlación entre el nivel de pobreza y la condición dentro del mercado laboral. De la misma manera en que una baja escolaridad es una de las variables explicativas de la pobreza, desempeñarse en la economía informal es una condición que eleva la probabilidad de ser pobre. Para el año 2005 se calculaba que la probabilidad de ser pobre si se trabajaba en la economía informal era de 24,8% mientras que para los trabajadores del sector formal era de sólo 4,8% 10 . 10 Matías Riutor, Ingreso, Desigualdad y Pobreza. IIES-UCAB. Caracas. 2009. p.145 9
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Más allá de la renta petrolera y su distribución : una política social alternativa para Venezuela
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