Infraestructura Para completar las evidencias de la hipótesis inicial, en la que se afirma que el ascenso social de los últimos años en Venezuela ha sido producto de la distribución del ingreso petrolero a través de simples mecanismos de mercado y no por la trasformación de las condiciones que explican la pobreza y el desarrollo productivo de los países, otro grupo de indicadores referidos a la infraestructura urbana, la vivienda y sus servicios conexos, dan cuenta de un deterioro del entorno y la calidad de vida antes que una mejora. Se ha afirmado de manera reiterada que los avances en la reducción de la pobreza se han debido a la mejora de los ingresos, pero esa mejora no llegó a los sectores más empobrecidos, porque no se actuó o no se tuvo una política social que le permitiera a los grupos sociales más empobrecidos tener las capacidades para acceder a las oportunidades que generó el crecimiento económico de los últimos años. Los mecanismos de asignación de renta a través del mercado exigen que los individuos tengan algunas capacidades a partir de las cuales se les pueda remunerar. Pero quienes, a consecuencia de su pobreza, no tienen capacidades que exhibir, ni atributos con los cuales emplearse o prestar algún servicio, pues entonces quedan a la zaga. La política económica, y especialmente la social desarrollada hasta el presente, no sirve para superar la pobreza extrema porque no trasforma las condiciones de los sectores sumidos en esa condición. Por un lado ni se generaron, ni se están generando, oportunidades para elevar el capital humano de estos grupos. Por otro lado, las oportunidades de empleo que se han generado masivamente tampoco son para ellos, es decir la expansión del empleo público y, finalmente, que es lo que nos proponemos desarrollar en este apartado, las inversiones públicas tampoco se han concentrado en los pobres, es decir, en tratar de mejorar sus condiciones de vida, de acceso a los servicios o mejorar sus viviendas. Comparadas con las de 1997, las viviendas en Venezuela son más precarias. Se ha pasado de 2,4% de viviendas con piso de tierra a 4,7%, lo que representan 1,3 millones de personas que viven en hogares con esas características. Vivir en una casa con piso de tierra es garantía de vivir en situación de pobreza extrema. Las personas que viven en estas viviendas en un 50% se concentran en centros poblados menores a los 10.000 habitantes. Se trata de pueblos y caseríos donde la acción del Estado definitivamente no ha llegado. En el estrato“E” o de pobreza 13
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Más allá de la renta petrolera y su distribución : una política social alternativa para Venezuela
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