Introducción Un debate sobre nuevas formas de distribución de la riqueza en Uruguay puede realizarse sobre una base diferente de la que históricamente lo caracterizó, porque el cambio de partidos gobernantes terminó con el mito que aseguraba que el único camino razonable era la acumulación«arriba» y favoreciendo al capital a expensas de los trabajadores y de toda la sociedad. La práctica de los siete años de gobierno de izquierda en Uruguay y las diferentes experiencias progresistas en la región demuestran que se puede crecer y distribuir, y que distribuir es la mejor garantía para seguir creciendo. En contraste con la crisis que en estos días recorre las economías centrales del mundo capitalista, sin exitismos irresponsables podemos apreciar orgullosos que los países más exitosos en América Latina crecieron como nunca antes, y son los que distribuyen mejor, no solo por justicia sino porque apuntan a un proyecto de sociedad diferente. Por eso en la introducción a un trabajo destinado a exponer formas concretas para redistribuir la riqueza en el Uruguay de hoy, importa colocar ese objetivo en el marco de las aspiraciones más generales del movimiento sindical y las fuerzas avanzadas de la sociedad. La redistribución de la riqueza forma parte de una estrategia cuyo horizonte es una sociedad más justa, sin explotación de los seres humanos, capaz de resolver simultáneamente la satisfacción creciente de las necesidades materiales y espirituales de sus habitantes y una mayor libertad y democracia. Nuevas relaciones sociales. Esta precisión es más importante cuando se aprecia que uno de los problemas más graves que parecen afrontar las fuerzas sociales y políticas que luchan por los cambios puede ser la autolimitación de su pensamiento, ideas, objetivos y expectativas. Se tiene la sensación de que las izquierdas todavía no se reponen de los derrumbes y crisis de los modelos que históricamente las inspiraron, y por eso no se animan a formular alternativas creíbles, sólidas y progresistas a la crisis del capitalismo. Hasta el momento parece haber más amenazas, amagues y propaganda de debates que verdaderos debates ideológicos. Y más allá de que las crisis se reproducirán una y otra vez con su lógica de afectar primero 25
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Los sindicalistas y los desafíos del segundo gobierno progresista
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