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La situación social de Venezuela : balance y desafíos
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deben ser vistas en sus potencialidades y límites. Por ejemplo, una idea frecuente que se usa como panacea es la de copiar los programas sociales exitosos de otros países: eso ya se ha hecho y ha resultado frecuentemente un desastre porque se trata de trasladar programas a otro contexto, en particular a otro marco institucional, lo que probablemente afecte la eficacia y eficiencia de ese programa (un claro ejemplo podría ser el de la experiencia del PAMI en la Venezuela de los noventa). Adoptar una visión compleja implica que se abandonen las visiones maniqueas, las falsas oposiciones: se pueden y deben combinar las políticas universalistas y las selectivas o focalizadas, las intervenciones estatales y las no estatales, la descentralización ejecutiva y la rectoría nacional. Y la importancia de esa combinación es porque no hay generalmente soluciones simples, aunque puedan ser relativamente sencillas en su instrumentación. La descentralización produjo en su muy reciente y atropellada trayectoria nacional algunos buenos resultados y otros resultados pobres. Es difícil dudar que la descentralización sea una oportunidad pero no es una garantía de éxito. Lo mismo ocurre con programas en los que participan organizaciones de la sociedad civil: algunos han sido muy exitosos, otros no. Y en los programas de enfrentamiento a la pobreza, sin desconocer algunos logros importantes, han predominando los desencantos, los últimos de los cuales, desde un punto de vista técnico más que popular hasta ahora, se evidencian en las deficiencias de las Misiones Sociales. Pero eso no es un resultado inevitable ni pone en cuestión el sentido y validez de ese tipo de programas sino más bien la pertinencia de sus diseños y de su ejecución. Hay que asumir el papel decisivo de los diseños de políticas y de las pruebas piloto para avanzar en proyectos masivos novedosos. Con ello se puede romper con la trayectoria de la improvisación que ha cobrado un lugar fundamental en nuestras políticas sociales. Y hay ejemplos de iniciativas y programas sociales venezolanos exitosos como las orquestas sinfónicas infantiles y juveniles, las escuelas de Fe y Alegría, los proyectos de habilitación físico-social de barrios o la desfalleciente pero valiosa experiencia de los hogares de cuidado diario. Es decir que no se habla de imposibles. Tercer desafío: avanzar hacia un conjunto de acuerdos nacionales en materia de política social Aunque la situación política lo dificulta es fundamental buscar acuerdos entre los actores políticos y sociales, sobre un conjunto de esferas prioritarias en lo social, entre las que puede destacarse un acuerdo nacional contra la pobreza y la desigualdad, que cubra el propósito de cumplir con las metas del milenio, que puede considerarse como el núcleo básico de los acuerdos nacionales en materia social y que podría complementarse con otros acuerdos sectoriales(en materia de seguridad social; de expansión y mejora de la calidad de los servicios de educación y salud; de desarrollo del hábitat y de la vivienda; entre otros campos). 16