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Democracia, género y equidad : aportes para el debate sobre los mecanismos de acción afirmativa
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La calidad de la democracia y la integración política de las mujeres El debate sobre la calidad de la democracia y la incorporación de las mujeres al proceso político La baja incorporación de las mujeres a la vida políti­ca ha concitado una atención especial en las últimas décadas, transformándose en un foco de atención específico tanto para los estudiosos de las ciencias sociales, como para los hacedores de política. En particular, la tasa de representación de mujeres en los órganos electivos(como el parlamento) se ha transformado en un indicador más de medición de la «calidad de la democracia» en nuestros países. La importancia de este fenómeno queda expresada cabalmente a través de dos hechos. En primer lugar, debe mencionarse la atención que se le ha dado a este fenómeno en las Cumbres mundiales. Ello ha obligado a los países que participaron de estas reu­niones(incluyendo el nuestro), a ratificar acuerdos internacionales que establecen medidas para incre­mentar el peso de las mujeres en los órganos de go­bierno y en las instituciones públicas. Aunque estos compromisos no son«vinculantes»(no obligan a los países a generar medidas específicas para cumplir­los, en cuyo caso éstas deberían ser previamente aprobadas por los órganos nacionales competentes), representan algo más que un compromiso moral. El segundo hecho a mencionar en este sentido es la aten­ción que se le ha dado a este debate en buena parte de los países de la región. En doce de ellos(con la excepción de Chile y Uruguay), entre 1991 y 2000, se han implementado diversos sistemas de«cuota», ten­dientes a asegurar al menos, una participación míni­ma de las mujeres en los órganos de gobierno. La pregunta que debería abrir esta reflexión es ¿es la participación de las mujeres en política un proble­ma democrático específico? ¿por qué la baja partici­pación de las mujeres cualificaría negativamente una democracia? Para iniciar este debate hay que recordar que la pri­mera teoría y la primera práctica democrática de la 5