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Democracia, género y equidad : aportes para el debate sobre los mecanismos de acción afirmativa
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¿Qué es lo que explica el éxito uruguayo desde el punto de vista político? En primer lugar, como fuera ya dicho, el peso de los partidos en la vida política uruguaya, y la adhesión que suscitan entre el elec­torado. Pero también este buen desempeño democrático del Uruguay histórico y contemporáneo tiene que ver con lo que podríamos denominar la tradición«republica­na» del Uruguay(como diferente a la tradición«libe­ral»), y que supone la incorporación de un conjunto de mecanismos destinados a favorecer e incremen­tar la participación ciudadana en la vida política, aún a despecho de incorporar algunos mecanismos, que desde el punto de vista de la tradición«liberal» se­rían discutibles, como el voto obligatorio. Por ejem­plo, los mecanismos de consulta popular(se incluye aquí no solamente los mecanismos de«iniciativa popular», sino los referendums y plebiscitos) son específicos del sistema político uruguayo. Asimismo, estos mecanismos podrían existir y no ser usados. Pero dado el alto involucramiento de los ciudadanos con la política, así como la existencia de una socie­dad fuertemente organizada, estos mecanismos se han hecho habituales en la vida política de nuestro país. Este tipo de diseños son más propios de la tra­dición«republicana» que liberal, y han tenido un im­pacto positivo en términos del involucramiento ciu­dadano con la política. El reconocimiento de los de­rechos sociales en la Constitución también forma parte de esta tradición republicana y se incorpora a una cierta«cultura uruguaya», que es lo que se ha dado en llamar el«igualitarismo uruguayo», o, dicho de otra manera, la intolerancia que los uruguayos han manifestado siempre a la desigualdad. Distintas sociedades tienen culturalmente distintos niveles de desigualdad tolerables, y la sociedad uruguaya es una sociedad con baja tolerancia a la desigualdad. Ello, en su«mala versión» se puede traducir como la presión uniformizante que ejerce una sociedad para integrar a sus ciudadanos, y en la mejor de sus versiones se puede expresar en la presión que los ciudadanos ejercen para que se implementen medi­das destinadas a mejorar el bienestar de los más desaventajados, aún a costa de reducir el bienestar de los más favorecidos. Junto con otras cosas, ello contribuye a explicar que el Uruguay sea el país menos desigual de la región. Por todas estas razones, y de acuerdo a la fundamentación del primer punto, uno esperaría que el Uruguay fuera un país de excelente desempeño 8 democrático también en este aspecto específico: la participación de las mujeres en la vida política. Y de hecho, el Uruguay fue pionero en la integración no sólo política sino también social de las mujeres. Sin embargo, ha dejado de serlo, hace muchos, muchísi­mos años. En lo que sigue explicaremos la magnitud de esta suerte de«anomalía» específica del sistema político uruguayo: la subrepresentación(tanto en tér­minos comparativos con la región, como con su pro­pia historia) de las mujeres en la política uruguaya. El déficit de integración política de las mujeres en Uruguay El ritmo y los niveles de incorporación de las muje­res a los cargos electivos y no electivos que configu­ran el sistema político del Uruguay es al mismo tiem­po retardado y llamativamente bajo. Pueden hacer­se muchas objeciones a esta valoración, en espe­cial porque ella remite a ciertos parámetros de«rit­mo» y«nivel» de participación, y estos parámetros no pueden ser fijados con independencia de crite­rios históricos y comparativos. En primer lugar, creemos pertinente la comparación entre las tasas de participación política de la mujer en los países de la región y las tasas de participa­ción de la mujer en Uruguay. Como fuera dicho, Uru­guay ha sido siempre considerado un caso«exito­so» en la literatura. Cabría esperar entonces, si es que consideramos a la participación de la mujer en política un indicador de desarrollo político(de hecho está incorporado a la noción de desarrollo humano, en la dimensión:«empoderamiento»), que también ésta fuera comparativamente más alta en el Uruguay que en el resto de los países. Sin embargo, no es precisamente esto lo que sucede. El cuadro 1 mues­tra esto claramente. El cuadro presenta la ubicación en el ranking mun­dial de desarrollo humano e igualdad de género de algunos países seleccionados de América Latina y el Caribe más los tres primeros países con mejor nivel de desarrollo humano del mundo(Noruega, Suecia y Canadá). La primera columna es el ranking de países según el Indice de Desarrollo Humano (IDH), y el cuadro ordena a los países según este primer ranking. La columna siguiente es el ranking de los países según el Indice de Desigualdad de Género(IDG). Este índice se compone en forma aná­loga al IDH, combinando la esperanza de vida y el