Capítulo 1 Introducción Entre los logros de las luchas del movimiento internacional de mujeres resaltan el reconocimiento del feminismo como la“gran revolución cultural del siglo XX ”; la aceptación de los aportes que la teoría de género –desarrollada por las académicas feministas– ha hecho a la producción del conocimiento científico; y la incorporación de sus demandas por muchos gobiernos en el mundo y de los organismos de cooperación internacional a fin de incluir la perspectiva de género en las políticas públicas, lo cual se ha conocido como transversalización de género. Sin embargo, estos esfuerzos han sido poco exitosos ya que esta incorporación exige una revisión profunda de lo que son las políticas públicas, sus actores y sus fines, y una comprensión cabal de lo que es el enfoque o perspectiva de género. La inclusión del enfoque de género requiere un cambio de paradigma en las políticas sociales si realmente aspiramos a forjar un camino democrático para el cambio. Y decimos esto porque el género como categoría de análisis no plantea simplemente la visibilización del impacto de las políticas y programas sobre las mujeres y los hombres y su acceso a los recursos y servicios, sino que exige confrontar la visión dominante sobre la sexualidad y los actores sociales sexuados y sus relaciones, en las acciones y en los beneficios de tales políticas. En toda sociedad existe una concepción dominante de la sexualidad que construida discursivamente, expresa, pauta y distribuye los derechos y deberes de las mujeres y los hombres, tanto como individuos como actores sociales. Es decir, propone y exige una distribu-
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