118 Magally Huggins Castañeda Mientras más tradicional sea la estructura de roles y los estereotipos de lo que significa ser masculino/hombre o femenina/mujer, habrá mayor probabilidad de que ambos sean construidos desde y para un espacio intersubjetivo violento, con papeles fijos dentro de la estructura jerárquica: dominantes, fuertes, violentos, ellos; y dominadas, débiles y violentadas, ellas. Ambos infelices, proveedores de infelicidad y del imparable espiral de la violencia. Es por esto que ninguna política pública dirigida a la deconstrucción de la violencia como forma de vida, de relación y de resolución de conflictos como punto de partida para una redefinición de las relaciones humanas y la convivencia social, puede ser dirigida solamente hacia una de sus formas de expresión, por ejemplo la violencia común o delictiva, sin desarrollar los aspectos concernientes a la violencia intrafamiliar, la violencia de la exclusión y la inequidad, la violencia de la intolerancia hacia las diferencias de todo tipo y el respeto permanente a los derechos humanos de todas y todos. De ser así, continuarán manipulando el miedo colectivo y siendo, en la práctica, un fracaso. Estrategia de Promoción de Calidad de Vida y violencia en Venezuela Como pudimos constatar en el análisis anterior, la complejidad de la violencia como fenómeno social y humano no ha sido hasta ahora considerada en las políticas públicas. La transición social y política en relación con la reestructuración del Estado basada en lo pautado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, ha sido un proceso que, contrariamente a lo esperado en sus inicios, ha potenciado los componentes anómicos que se vivían en el país desde mediados de la década de los 70 del siglo XX . Los factores que hemos señalado que facilitan la reproducción de la violencia se han agudizado y extendido a toda la población: la pobreza, el desempleo, la intolerancia y la exclusión social y política, la corrupción y la impunidad, conjuntamente con la inestabilidad y la inseguridad producida por la percepción cada vez más cierta de que la crisis política, social y económica del país no se resolverá a corto o quizás a mediano plazo. Todo esto, aunado a la ya largamente sostenida desestructuración de las pautas de convivencia y al deterioro de la organización familiar, sin que se den respuestas que
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Género, políticas públicas y promoción de la calidad de vida
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