12 Magally Huggins Castañeda ción del espacio y el tiempo, y lo que puede y debe ser el papel de los actores en esos espacios y tiempos. Este es su sentido político, el cual indisolublemente le acompaña desde sus orígenes como elaboración de las científicas y militantes feministas. Como señala Geneviève Fraisse(2002, p. 1):“El pensamiento feminista estadounidense‘inventó’ el concepto de‘género’ a falta de un instrumento adecuado para expresar la reflexión sobre los sexos, el pensar el dos en uno, un pensamiento formalizador sobre los sexos”. Por eso, su incorporación en las políticas sociales nos reclama un esfuerzo de pluralidad, reconocimiento y aceptación de las diferencias entre los seres humanos y la búsqueda a través de estas políticas de la equidad, la igualdad y la justicia social. Y este es un proceso complejo y por ello su concreción deberá ser progresiva y evaluada permanentemente, no sólo por quienes planifican las políticas, sino por las diferentes organizaciones de mujeres a fin de poder ajustar su pertinencia en la búsqueda de los objetivos de género. En palabras de Griselda Gutiérrez: El género es un concepto que además de abrir toda una serie de posibilidades teórico explicativas, le es inherente un sello que está plasmado en su ánimo crítico, en su voluntad de denuncia y en sus pretensiones reivindicadoras: su esencia política. Con esto no pretendo afirmar que el concepto se agote en su esencia política, pero asumirla como trataré de argumentar no necesariamente bloquea su potencial, y obviarla sí en cambio puede generar resultados discutibles. Insisto, más allá de que su plataforma epistemológica no se reduzca a la política, y más acá de que por su conducto se esté dotando de un instrumento propositivo y productivo a la reflexión teórico política, en sentido estricto, y a los aires de los tiempos que en política corren hoy día(p. 1). Asumamos entonces que el enfoque de género es una lectura política de las relaciones entre los hombres y las mujeres desde la perspectiva de la distribución y acceso al poder, tanto en los espacios públicos como privados. Podemos concretar diciendo, como señalaban las chilenas, que el enfoque de género busca alcanzar la democracia tanto en la casa como en la calle. Hablar de género en las políticas públicas exige que la discusión se ubique en el proceso político global de la profundización de la democracia en un país concreto, puesto que es allí donde su ejecución adquiere relevancia, especialmente si entendemos que hablar de igualdad, equidad, justicia social, etc., exige una práctica que les dé sentido como un todo y no como un fragmento de la totalidad. La
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