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Parlamento regional y sociedad civil en el proceso de integración : una nueva oportunidad para "otro" MERCOSUR?
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co que aliente con eficacia avances concretos en la agenda M ERCOSUR . Se trata también de poner en funcionamiento ple­no lo dispuesto en el Protocolo de Olivos pero también de seguir avanzando hacia la creación de un verdadero Tribunal Permanente de Justi­cia Regional. Es un M ERCOSUR que comienza a reformular las relaciones entre los propios órga­nos decisorios de su formato institucional, exi­giéndoles un funcionamiento menos episódico y más sistemático, una conducción más transpa­rente y cotidiana. Un M ERCOSUR que consolida la fundación ya realizada de la Comisión de Re­presentantes Permanentes, con embajadores de los cuatro países socios plenos, pero también con un Presidente que pueda actuar como vocero común de una voluntad regional. Es el M ERCOSUR que adquiere otra presencia y otro peso en los debates de instituciones como la OMC, que ne­gocia en común y no solitariamente acuerdos con los EEUU o con Europa desde otras posiciones, que puede encarar con responsabilidad pero sin sometimientos su relacionamiento con los orga­nismos internacionales de crédito. En esa perspectiva que más de uno podría califi­car de utópica frente a las dificultades actuales del bloque, la nueva institucionalidad responde­ría también a los«déficit democráticos» y al des­censo de la credibilidad intrazona que han signado a menudo la historia del proceso. Para ello hay que evitar equívocos y tentaciones pe­rezosas e inconducentes. No debe pensarse el M ERCOSUR desde la identidad coyuntural de go­biernos que ideológicamente puedan ser más o menos afines. Sería un grave error. No es la ex­periencia de los procesos de integración exitosos. Por cierto que el que haya gobiernos afines ideo­lógicamente puede ayudar a avanzar en cierto tipo de acuerdos. Pero si lo que se quiere es avan­zar pero con profundidad, la acumulación en materia institucional es el mejor resguardo y el instrumento más idóneo para obtener los logros económicos que nuestros pueblos necesitan cada vez con más urgencia. Por supuesto que no hay modelo institucional neutro y que las coyunturas de afinidad ideológica entre los gobiernos socios ayudan a avanzar. Pero precisamente para apro­vechar al máximo esas oportunidades, se debe pensar en clave institucional y no ideológica, des­de la premisa que hay que crear instituciones que consoliden desde la negociación política avan­ces que sea muy difícil luego revertir. Aprenda­mos(sin copiar, por cierto) de los exitosos: la Unión Europea no fue formada para gobiernos socialdemócratas, para gobiernos democratacris­tianos, para gobiernos liberales. No hay proceso de integración de gobiernos democráticos, cuya vida natural es la de la rotación en el poder y la de la incertidumbre de los resultados electora­les, que pueda hacerse articulado rígidamente a una propuesta ideológica cerrada del bloque re­gional del que se participa. Por eso, si se quiere aprovechar la oportunidad que hoy sigue presente –pese a los embates cada vez más fuertes de los lobbies antimercosur– y que surge como una demanda efectiva desde nuestros países que no tienen salida en solitario (por cierto que no la tiene el Uruguay, pero tam­poco creo que la tenga en solitario el Brasil o la Argentina, nuestros países no se salvan solos, tienen que luchar por su lugar en el mundo des­de una posición de bloque), se tendrá que afir­mar una nueva institucionalidad, que supere el «déficit democrático» que ha tenido el proceso, que supere ese interpresidencialismo que ha generado una suerte de superejecutivismo ab­solutamente inejecutivo, que arraigue la legitimi­dad del M ERCOSUR en nuestras sociedades, pero que al mismo tiempo le al M ERCOSUR la posi­bilidad de responder con efectividad a otra agen­da, que es la que responde mejor a esta nueva coyuntura que nos está exigiendo otras formas de pensar, no sólo en clave nacional sino en cla­ve regional e internacional. 2. Las etapas de la evolución institucional en el M ERCOSUR Como hemos visto, desde hace muchos años, en la agenda e incluso en las distintas resolu­ciones emanadas de los diversos organismos integracionistas, ya sea en el marco de sus ac­tividades rutinarias o en las Cumbres del M ER ­COSUR , aparece de modo reiterado la apelación a la necesidad de un fortalecimiento institucional del M ERCOSUR . Decenas de resoluciones, reco­11