Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales(ILDIS). Así, al hablar de integración se la entiende en el amplio sentido político, social y económico con el que se la dota en los más elaborados acuerdos regionales latinoamericanos, tales como la Comunidad Andina, el Sistema de Integración Económica Centroamericano y el MERCOSUR, en los que la agenda propiamente comercial ha sido acompañada por compromisos de concertación, sociales, culturales, políticos, financieros, energéticos y ambientales. En cuanto a la gobernabilidad, se la adjetiva como democrática, es decir, como construida a partir de amplios acuerdos sociales, negociados desde principios y prácticas pluralistas. Y respecto a la seguridad, se la concibe a partir de los más avanzados acuerdos regionales y hemisféricos, a partir de los cuales se la califica como multidimensional, cooperativa, humana y-en suma- democrática. 1. La región: tendencia“centrífuga” El mapa político regional que resultó de los procesos electorales presidenciales y legislativos ocurridos entre los años 2005 y 2006, no es el de una Latinoamérica dividida entre derechas e izquierdas. En cambio, es el de una región en la que hay unos denominadores comunes innegables: por una parte, de inconformidad e impaciencia ante la pérdida de legitimidad y eficacia de instituciones clave(incluidas las electorales); por la otra, y con todo, de disposición a buscar electoralmente las soluciones a cada situación. Eso se evidencia en el predominio electoral de fuerzas de cambio pero, ciertamente, de muy diferente signo. En un extremo, las propuestas e iniciativas“refundadoras” a través de medios reñidos con principios y prácticas democráticas(Venezuela, Ecuador y Bolivia); en el otro, las propuestas transaccionales que procuran trabajar de modo pluralista –aunque no sin tensiones- en la renovación institucional(México, Brasil, Uruguay y Chile). En el medio, un gran conjunto que se mueve en medio de urgencias domésticas e internacionales que les imponen una alta dosis de adaptación.“Nunca antes en la historia reciente de América Latina –ha escrito Wolf Grabendorff- existió tal cantidad de tensiones bilaterales, incluso entre países con orientaciones ideológicas similares.”(2007:30). El mapa regional exhibe una fuerte tendencia centrífuga, significativa en tres sentidos. - Desplazamiento de la conflictividad La conflictividad regional se ha movido, espacial y conceptualmente. En primer lugar, por la persistencia –y en varios casos, agravamiento- de la conflictividad subnacional, producto de razones en las que se combinan tradicionales prácticas de exclusión social, política y hasta geográfica(Bolivia, Ecuador, Perú, Guatemala y México); dinámicas más y menos recientes que mantienen o acentúan la desigual distribución del ingreso (países tan diferentes como Brasil y Guatemala siguen siendo los primeros en la lista); y el impulso gubernamental de proyectos sociopolíticos y económicos que generan alta polarización interna(como Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua). El cuadro general latinoamericano plantea, en suma, problemas en este primer aspecto que constituyen verdaderos retos para el conjunto de países. Así figura en el caso del tema de la cohesión social que con insistencia aparece en varias agendas nacionales, subregionales y regionales; en el de la creación de nuevas oportunidades para el desarrollo de capital humano y creación de opciones de trabajo, y también lo encontramos en la preocupación por llevar a la práctica las más humanamente refinadas concepciones de seguridad y por asumir el reto de renovar con ese propósito los principios y definiciones nacionales en ese ámbito. Junto a la tendencia innovadora que 4
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Integración, gobernabilidad y seguridad regional en la América Latina de los inicios del siglo XXI : bajo el signo de la fragmentación
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