internacional es posible que Argentina procure una posición de mayor peso para la recuperación del MERCOSUR. - Brasil: a diferencia de los otros actores regionales, se presenta con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva como decidido y explícito proponente de un liderazgo socialistademocrático que trasciende al continente, como se evidencia en la participación en foros (Davos y el G8) y en iniciativas(como el grupo BRIC, el G-20 y la alianza promotora de cambios en el Consejo de Seguridad de la ONU)) de alcance, efectivamente, mundial. Regionalmente, por otra parte, varios eventos que involucran al gobierno venezolano han desafiado a ese país en terrenos que le son de alta prioridad: temáticamente, la energía y la integración económica; geográficamente, Bolivia, el espacio del MERCOSUR y el de la integración suramericana promovida por Brasilia desde finales del siglo XXI. La promoción del etanol, la búsqueda de vínculos estratégicos –como el labrado con la Unión Europea- y de interlocución directa con líderes mundiales, son parte de una ofensiva que no tiene, sin embargo, impacto regional similar. - Venezuela: el proyecto político, el estilo y los medios para promoverlo internacionalmente, apoyados en la abundancia de recursos energéticos y financieros con los que cuenta el gobierno venezolano –todo ello montado sobre la situación hasta ahora descrita- han permitido que en nueve años el Presidente, la persona de Hugo Chávez, se convierta en un factor muy importante, generador de corrientes y contracorrientes en la política regional: por el proyecto desafiante que presenta en todos los órdenes(a nuestros efectos, los de la integración, la gobernabilidad y la seguridad), por los ingentes medios materiales que ha demostrado tener voluntad de utilizar con ese propósito, por la polarización que siembra, y por la predisposición a correr altos riesgos en esa empresa, incluida una reforma constitucional cuyo texto y procedimientos van en contra de compromisos regionales en los tres aspectos aquí considerados. En conjunto y suma, se encuentran hasta ahora muy limitados en su capacidad de actuar los países con potencial de liderazgo para contribuir a fortalecer subregional y regionalmente principios y prácticas que permitan recuperar el potencial generador de prosperidad y coordinación de la integración, el de estabilidad, legitimidad y eficacia de la gobernabilidad democrática, y el de transparencia y confianza de la seguridad cooperativa y humana. Tendencias en tres registros La tendencia a la fragmentación, inicialmente apuntada, se ve reforzada por encima de las fuerzas integradoras que aún se mantienen en Latinoamérica a través de varios esfuerzos e iniciativas presentes en la situación recién descrita y analizada. Es esa fragmentación la gran tendencia a partir de la cual pueden definirse las que caracterizan a los tres ámbitos bajo estudio. 1. La integración fragmentada El primer registro encierra dos tendencias desiguales. Por un lado, la del esfuerzo institucionalizador, que impulsa negociaciones y acuerdos para salvar(CAN), recuperar (MERCOSUR) o fortalecer(SIECA) los acuerdos fundamentales. Por el otro, la dinámica que, ante el estancamiento y las tensiones al interior de los acuerdos se mueve en un extremo hacia oportunidades extrarregionales que refuerzan el debilitamiento de los compromisos regionales, y la que ante desacuerdos fundamentales-producto de la diferenciación y confrontación de modelos de desarrollo sociopolítico y económico- se mueve a otro extremo: el de la confrontación de los acuerdos y la propuesta de 8
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Integración, gobernabilidad y seguridad regional en la América Latina de los inicios del siglo XXI : bajo el signo de la fragmentación
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