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Integración, gobernabilidad y seguridad regional en la América Latina de los inicios del siglo XXI : bajo el signo de la fragmentación
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- Dispersión internacional Inevitablemente, a la diferenciación entre proyectos y políticas nacionales corresponde una diferenciación de las políticas exteriores. El más visible signo lo encontramos en materia de integración económica, con la negociación de acuerdos bilaterales con Estados Unidos, Europa y países asiáticos. También es visible en la fragilidad de los compromisos hemisféricos, regionales y subregionales para enfrentar situaciones críticas para la gobernabilidad democrática, en circunstancias en las que gobiernos democráticamente elegidos presionan fuertemente –y algunos incluso rompen-con preceptos fundamentales para la vida democrática establecidos en los más significativos documentos de alcance regional(Cardozo, 2006a: 24-26). En materia de seguridad, también se observan no simplemente signos preocupantes respecto al aumento de compra de armamento por algunos países-Chile, Brasil, Colombia y Venezuela, aunque regionalmente se mantengan por debajo de los estándares internacionales(Malamud y Encina, 2006)- sino al distanciamiento de concepciones estratégicas respecto a los grandes consensos regionales alcanzados desde la última década del siglo XX (Cardozo 2006b: 79-80). A medida que se debilitan los compromisos regionales en las tres materias –integración, gobernabilidad y seguridad- aumentan los estímulos para aproximarse a socios extrarregionales, realimentando así la tendencia a la dispersión de esfuerzos. Así queda evidenciado aun en las más optimistas revisiones(CEPAL, 2007: 129-165), que recogen: los acuerdos de libre comercio alcanzados con Estados Unidos por Centroamérica y República Dominicana y los ya arduamente negociados con Panamá, Perú y Colombia; precedidos, ya es sabido, por México y Chile; el retiro de Venezuela de la CAN y el Grupo de los Tres, la intención de reorientar espacialmente la integración andina hacia el pacífico –con el retorno de Chile como miembro asociado- y el posterior anuncio sobre el retorno de Venezuela; el debilitamiento político del MERCOSUR y los problemas planteados por la adhesión venezolana, su intención dereformatear al MERCOSUR y las tensiones políticas del proceso mismo. Añádanse iniciativas aún poco definidas operativamente como ALBA y la de la integración energética promovida desde Venezuela, que si bien no caben dentro de lo que se entiende como integración en los acuerdos prevalecientes, constituyen un intento de completa reorientación política, ideológica y económica de aquéllos. 2. Las subregiones: viejos signos, nuevos problemas En otra escala, una mirada a tres subregiones –del cono sur y Brasil, andina y centroamericana- muestra tres conjuntos de países en los que reaparecen viejos y característicos signos. En el sur, vuelven a manifestarse las tensiones de una suerte de balanza de poder en la que pugnan Argentina y Brasil; resultan afectados los intereses de los socios menores del MERCOSUR, Uruguay y Paraguay; Chile se mueve en la periferia buscando sus propios acomodos y procurando resolver sus tensiones andinas con Bolivia y Perú; mientras que Bolivia intenta sacar provecho del precario equilibrio entre sus vínculos andinos y sus tensiones económicas con el gigante brasileño. En Centroamérica vuelven a prevalecer las relaciones estrechas con Estados Unidos, ahora en el marco de un acuerdo de libre comercio que les permitió negociar unas reglas, indispensables para tan desigual relación que, sin embargo, no les impiden cultivar otros vínculos: con México y Colombia a través del Plan Puebla Putumayo; con Europa a través del desarrollo de las avanzadas negociaciones para un Acuerdo de Asociación. 6