Introducción Día a día los docentes nos sorprendemos de la cantidad de circunstancias que existen en la forma de relacionarse de nuestros alumnos: niñas, niños y adolescentes. Muy probablemente no solo nos sorprenda, sino que nos alarme y preocupe. La vida social y muy especialmente el progreso en la adquisición de habilidades para reconocer la propia individualidad, se ha convertido en uno de los grandes retos educativos en esta sociedad digitalizada y globalizada. Y para muestra un pequeño ejemplo: Hace unos días una niña de 12 años, de un colegio regular, se tomó una foto desnuda e inmediatamente la subió a su móvil(celular); en menos del tiempo que pensamos todos sus compañeros de aula y del colegio en general, estaban comentando la situación, los docentes fuimos los últimos en enterarnos, nos preguntamos: ¿cómo lo habrá hecho? ¿Cuándo y por qué? Ante hechos como este debemos reflexionar; nuestro gran reto como docentes está frente a nuestros ojos. Es necesario dotar a nuestros chicos de competencias emocionales y sociales que la misma familia está abandonando. La familia actual, ha desbordado su comunicación en los canales móviles y en medios sociales de red, dejando de lado el contacto físico y emocional indispensable para todo niño y adolescente en formación. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han cambiado nuestra forma de interrelacionarnos, la forma de vivir, de producir, de comunicarnos, de comprar, de vender, de enseñar, de aprender. Todo el entorno es distinto, y los fenómenos sociales no escapan de esta realidad. Por ello, se hace urgente sensibilizar y orientar al docente sobre las nuevas formas de violencia y acoso escolar, que ocurren en esta sociedad cada día más digitalizada. Es necesario aceptar que nuestra sociedad requiere un nuevo perfil del profesorado, donde se incluya formación en los hechos tecnológicos y conozca lo que ocurre en éste nuevo entorno, tanto lo positivo como lo negativo. Cuando un niño o niña inicia su escolaridad, tanto los padres como la escuela observan al colegio como el mejor escenario para desarrollar la vida afectiva, moral y de aprendizaje conceptual de estos pequeños. Ahora bien, ¿qué está ocurriendo en nuestras aulas y en la sociedad que ha generado un cambio respecto a la confianza en este escenario? ¿Es la escuela responsable de estos cambios? Es innegable que la escuela es una pequeña muestra de la sociedad en general, pero ¿cómo responde esta institución a nuevos fenómenos o nuevas formas de interrelación entre personas del mismo grupo etario? Lo analizaremos a continuación; aunque soy defensora de la escuela, no podemos quitarle su cuota de responsabilidad, ya que para la mayoría de los niños, niñas y adolescentes, la escuela es el entorno donde pasan la mayoría de las horas del día. “ El aula, se convierte en un espacio de interacción y aprendizaje donde los individuos que participan en él, por medio de las actividades que se proponen y las redes de relaciones interpersonales que se establecen, son capaces de construir su desarrollo y el de los otros que se encuentran a su alrededor”(Merchán y Ortega, 2011). Este es el mensaje principal que deseo transmitir con esta ponencia, reflexión e introspección; analicemos nuestros roles y vamos a darnos permiso para abrir los ojos y observar lo que ocurre. Una vez que aceptamos la realidad, podremos actuar en consecuencia. 1
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