En la década de los noventa, que en criterio de Martínez Meucci 15 fue la“década crítica” en la que cuajaron los ánimos sociales para el advenimiento de la revolución bolivariana, la anti-política alcanzó su mayor auge. Fue una década de hastío e incredulidad frente a cualquier expresión que apuntalara la dignidad de lo político. Fue una década de huida de lo público, de volcamiento de los mejores talentos nacionales sobre los ámbitos privados. Fue una década en la que la mayor parte de la opinión pública nacional presenció sin asombro – por no decir que con alegría – dos asonadas militares. Fue una década en la que la sociedad se embriagaba cada noche con los humores de la telenovela Por estas calles y era capaz de pedirle al presidente de turno – al Presidente Caldera – que ejecutara un fujimorazo y disolviera arbitraria e inconstitucionalmente el Congreso Nacional, que entonces sí era un poder autónomo y correctamente constituido. ¿Qué sintetiza, entonces, lo negativo de la anti-política crecida en los noventa? La hipocresía. Entiéndase la hipocresía social. La sociedad venezolana fue capaz de desvincularse de la crisis moral nacional, de creerse irresponsable frente a la mala praxis política, de asumir con ingenuidad, o acaso con cinismo, que era posible la existencia de políticos malos en una sociedad sana. Fue capaz de, como apuntaría Castro Leiva 16 , lanzar la piedra de su moralismo y de esconder la mano de su responsabilidad. En este punto conviene formular una observación un tanto paradójica. Durante los años noventa, en democracia, la sociedad venezolana fue capaz de inocularse a sí misma el virus de la anti-política. Y ahora, cuando no se tiene democracia y se lucha por recuperarla, esa misma sociedad venezolana está derrotando el mal de la anti-política. Ha comprendido que esta última, como se mencionó antes, socava las bases de las convicciones del pueblo respecto de las posibilidades de establecer un orden de justicia y engendra fantasmas de utopías políticas como, v.g. el socialismo del siglo XXI. Se cumple con la anti-política aquella intuición de Eric Vöegelin según la cual“(…) en una hora de crisis, cuando el orden de una sociedad vacila y se desintegra, los problemas fundamentales de la existencia política en la historia son más fácilmente reconocibles que en períodos de relativa estabilidad¨ 17 . La artificialidad del modelo económico También los años noventa fueron testigo de una acentuada crisis para la economía venezolana. Al respecto se ha dicho y escrito mucho. En la referida década se hicieron plenamente manifiestos problemas estructurales que se venían arrastrando desde la década de los setenta, una vez consumada la tan cacareada nacionalización petrolera. Ante los ojos de los venezolanos se mostró el fenómeno 15 Cfr. MARTÍNEZ MEUCCI, Miguel Ángel: Apaciguamiento. El referéndum revocatorio y la consolidación de la revolución bolivariana, Editorial Alfa, Caracas, 2012, pp. 29 y ss. 16 Cfr. CASTRO LEIVA, Luis: Discurso de orden promulgado en el Congreso Nacional el 23 de enero de 1998, en ocasión de la celebración de los cuarenta años del derrocamiento de la última dictadura militar. 17 Cfr. VÖEGELIN, Eric: La nueva ciencia de la política, Katz-Discusiones, Buenos Aires, 2006, p. 14. 6
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