que los venezolanos tendrán que convencerse, de una vez por todas, que hay valores de la convivencia política que no están sujetos al humor de las mayorías y no se supeditan, por tanto, a los poderosos de turno. Se hace referencia, por supuesto, a valores como la dignidad insoslayable de las personas, el respeto de los derechos humanos, la libertad en todas sus manifestaciones, la propiedad privada, etc. En lo social: La desintoxicación de la sociedad Sanar a la sociedad venezolana supondrá hacer retroceder al Estado. Lograr que este devuelva a aquélla espacios que le son naturales. Han pasado catorce años en los que el régimen ha expandido injustificadamente las estructuras estatales en detrimento de la subjetividad de la sociedad civil. Las personas y los cuerpos intermedios han visto truncadas sus energías de participación porque, bajo la entelequia ideológica que es el socialismo del siglo XXI, el Estado se ha reservado monopólicamente la búsqueda de supuestos ¨bienes para la felicidad común¨. Se trata, en definitiva, de avanzar prudentemente en un proceso de desestatización del todo social que permita alcanzar la así llamada primacía de la sociedad civil. En lo jurídico: La restauración del Estado constitucional El primer paso en la restauración del Estado constitucional lo representa la determinación y/o legitimación de la Carta Magna sobre la cual se asentará la venidera democracia. En este sentido, hay tres opciones jurídico-políticas para lograrlo: Asumir como nulos los actos que dieron origen a la Constitución de 1999 y retrotraerse a la vigencia de la Constitución de 1961; someter la Constitución de 1999 a un proceso de legitimación, realizando los cambios necesarios para convertirla en el pivote del nuevo orden democrático; o, finalmente, conducir la sociedad venezolana hacia un proceso constituyente que arroje un nuevo texto fundamental. Decantarse por alguna de estas posibilidades es algo que deberá ser ponderado con prudencia por parte de la dirigencia política en el momento de la transición democrática. Dependerá de la configuración de las circunstancias concretas, de lo que se juzgue más conveniente y realista, de lo que resulte menos traumático para el país. Pero con independencia del camino que se siga, y de que luzca inconveniente retrotraerse a la Constitución de 1961, lo más importante será garantizar la vocación de permanencia del orden constitucional. Para ello debe sustraerse al Poder Constituyente(el pueblo) el derecho a convocar en cualquier momento, bajo cualquier circunstancia, una asamblea nacional constituyente para "transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva constitución"(Art. 347 CRBV). En lo económico: La conciliación entre libertad y justicia social Una de las más perversas mentiras que ha traído consigo la revolución bolivariana es la de hacer creer que libertad y justicia social son realidades antagónicas o excluyentes, que ha de optarse maniqueamente entre una u otra. Restaurado el Estado constitucional, habrá que potenciar el orden económico de tal modo que las personas se desarrollen libremente en las ocupaciones o dedicaciones que 14
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