Druckschrift 
Situación actual y perspectivas de la democracia en Venezuela
Entstehung
Einzelbild herunterladen
 

ya establecido anteriormente como marco de referencia axiológico de la democracia Lo formal y lo procedimental Una nítida distinción que caracteriza a este régimen es la escisión radical entre lo formal y lo material, entre lo procedimental y lo sustantivo y entre lo descriptivo y lo prescriptivo. La apariencia de legitimidad termina siendo en todo momento un algo formal, un algo procedimental y un algo descriptivo cuyo fin no es otro que la mentira. Ello aplica en todos los aspectos de la acción del régimen. En lo jurídico, en lo económico, en lo social, etc. Lo importante no es realizar la justicia, sino aparentarla escrupulosamente en el dizque respeto de las formas; lo importante no es alcanzar el progreso económico, sino propiciar percepciones de mejoras; lo importante no es erradicar la pobreza, sino que los pobres no se sientan pobres. De este modo no puede haber democracia como forma de vida porque se verifica un desgarramiento deliberado y malintencionado del espíritu humano: El ser se ha hecho esclavo del parecer, y la verdad de la mentira. Dominación, injusticia y mentira Percibir la vida política, y dentro de esta a la democracia, de una manera auténticamente humanista lleva a predicar que los pilares del orden social son, como ya se ha mencionado, la libertad, la justicia, la verdad y, cabe agregar, el amor o amistad cívica. Sin embargo, en Venezuela se dista mucho del gozo de tales valores. En su lugar, el régimen ha enquistado realidades exactamente contrarias: dominación, injusticia, mentira y, duele decirlo, odio. Siendo ello así, surge la interrogante: ¿Es posible que la revolución bolivariana, de la que dimanan estos antivalores, alcance a ser, en cuanto régimen político, un orden ético para la vida buena? La respuesta es evidente y el asunto no amerita mayores elucubraciones. Vicio y vileza Quizás la mayor coincidencia entre Platón y Hobbes quienes, a la sazón, se dice que son los fundadores de la filosofía política clásica y de la filosofía política moderna, respectivamente es que ambos entendieron el orden político como un reflejo del orden del alma de los hombres concretos. La justicia o la injusticia presentes en la ciudad no son realidades azarosas o no causadas. Derivan, por el contrario, de la justicia o injusticia vividas en las vidas particulares de los ciudadanos. Al explicar las premisas del deber ser de la democracia, se insiste en que esta solo es posible si hay virtud y calidad humana en gobernantes y gobernados. De modo análogo, y esto es lo que está pasando en Venezuela, no puede haber democracia si la especificidad del tipo humano que predomina hoy en día en la sociedad, del que le imprime carácter, son el vicio y la vileza. En este sentido, el mal que ha cuajado en la vida común de los venezolanos en los últimos catorce años debe ser rastreado hasta el alma de quienes se han impuesto a los demás, de quienes han consentido expresamente tal imposición y de quienes no han sabido luchar suficientemente para resistir el enviste del mal. 11