Programa de Cooperación en Seguridad Regional I. Contexto general Debe ser extremadamente difícil evaluar desde lejos a la nueva administración en Washington. Las expectativas eran tan altas, tan fuera de la realidad, que quienes leyeron la prensa europea o latinoamericana en los meses siguientes a la elección de Obama, debieron tener la impresión de que los problemas del mundo estaban a punto de resolverse. Ello se parece un poco al sentir de mucha gente cuando John F. Kennedy fue electo en 1960—era tan encantador, hablaba tan bien, su esposa y sus hijos eran adorables y él había vencido a un hombre que era lo más antipático que un político pudiera ser. Obama fue lo mismo. Dijo todo lo que era acertado decir y mostró gran afinidad con los intereses de los países democráticos de todas las regiones del mundo. En el caso de Obama, parte de la euforia que despertó en el mundo entero tuvo que ver con el profundo resentimiento hacia la administración inmediatamente anterior, especialmente por su retórica belicosa y su unilateralismo. A esto debe agregarse el desconcierto frente a la fórmula de la oposición, en especial la candidata a la vicepresidencia, que impactó a los observadores externos como algo verdaderamente extraño. En vez del estadounidense feo, Obama aparecía como el estadounidense apuesto. Pero en política exterior las cosas comenzaron mal para la administración Obama. La crisis económica que había estallado durante el último año de la administración Bush estaba empeorando y se estaba extendiendo por el mundo entero cuando Obama asumió la presidencia. Como si ésta no fuera suficiente distracción, casi de inmediato quedó claro que en ninguno de los dos teatros de guerra —Irak y Afganistán— los socios locales iban a actuar según las expectativas de Obama como candidato, así que, debido a su plataforma de campaña, el presidente Obama se vio preso en un debate largo y conflictivo entre sus asesores con respecto a la manera de conducir la que pronto habría de llamarse “su guerra” en Afganistán. En otros puntos críticos para los que el candidato había ofrecido un nuevo enfoque, sucedió prácticamente lo mismo. Los iraníes no estaban interesados en dialogar; los israelíes se opusieron rotundamente a un acuerdo sobre dos estados, y los rusos no estaban dispuestos a zanjar todas las diferencias entre ellos y Estados Unidos. En el caso de los rusos, en los primeros meses de 2010 Obama logró asegurar una reducción significativa, aunque modesta, de armas nucleares. Con respecto a América Latina, durante la campaña no hubo mucho material sobre el cual trabajar. Hubo indicios de un cambio de la política hacia Cuba, indicios sobre la reforma de inmigración, y una afirmación audaz acerca de un nuevo enfoque del problema de las drogas en Estados Unidos y del narcotráfico. Fuera de esto, todo lo que los analistas tenían para trabajar era la expresa preferencia por el multilateralismo y el trabajo en estrecha colaboración con otras naciones para la solución de problemas comunes, cosa que impactó a la mayoría de los observadores de América Latina como un comienzo muy promisorio. Antes de que pudiera producirse ninguna planeación de política seria, hubo una intensa preparación para la Cumbre de las Américas, la cual vino se convirtió para todos en una excelente oportunidad para aparecer frente a la prensa. No se logró nada sustancial. Entretanto, la postulación de Arturo Julio de 2010, Página 2
Druckschrift
La política y los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina
Einzelbild herunterladen
verfügbare Breiten