La política y los intereses de seguridad de EEUU en AL detalle las ramificaciones de esta decisión. Lo que hace que este proceso sea interesante para los analistas de asuntos internacionales y un rompecabezas para los funcionarios gubernamentales estadounidenses, es precisamente que no depende de decisiones unilaterales en Washington. Depende de alguna forma de diálogo con un socio informal, Brasil, en un momento en el que ese socio no está plenamente cierto de cuál debe ser su papel internacional ni de la forma en que ha de tratar con Estados Unidos. Como dirían los chinos, estos son tiempos interesantes. III. La respuesta latinoamericana El cambio operado por la administración Obama, de un enfoque unilateral a uno multilateral para manejar los asuntos y problemas internacionales, representa una oportunidad de primer orden para las naciones de América Latina. La disposición del gobierno estadounidense a dialogar con sus colegas en el hemisferio en vez de imponer simplemente su voluntad sobre estados más débiles, ofrece a Latinoamérica las posibilidades de actuar autónomamente en muchas áreas de interacción global; de participar en el establecimiento de políticas para tratar los asuntos hemisféricos(creación de reglas), y de asegurar que sus propios intereses formen parte de la agenda hemisférica. Semejante oportunidad para la acción colectiva no había vuelto a verse desde los eufóricos días que siguieron a la Guerra Fría, cuando muchos creían que organizaciones internacionales, en especial las Naciones Unidas, se convertirían en el escenario para la solución pacífica de las disputas internacionales. Esos días pasaron rápidamente, y veinte años más tarde somos testigos de otro momento para el protagonismo latinoamericano. No fue una sorpresa que después de casi dos siglos de subordinación a poderes externos, los países de América Latina—con algunas excepciones importantes— no estuvieran preparados para asumir las cargas de acción autónoma en la comunidad internacional cuando terminó la Guerra Fría. Veinte años después las expectativas son mucho más altas, pero no parece haber ni una respuesta “latinoamericana”, ni una posición“latinoamericana” con respecto a los mayores problemas de la actualidad. De hecho, hay tantos desacuerdos serios entre las naciones de la región como en cualquier otro momento desde que se inició la Guerra Fría, hace más de medio siglo. Al parecer nos hallamos tan lejos como siempre del consenso hemisférico sobre los asuntos de primer orden, pese al hecho de que la arquitectura de la cooperación hemisférica está mucho más articulada que en cualquier momento del pasado, y también a pesar de que el nivel de confianza mutua entre los países en varias subregiones (América Central, el Caribe angloparlante, Mercosur) nunca ha sido más alto. Como ya se observó en este documento, ese mayor nivel de confianza mutua no fue suficiente para conseguir que las naciones centroamericanas se pusieran de acuerdo acerca de cómo tratar la crisis institucional de Honduras en 2009, ni lo ha sido para que cooperen colectivamente con el Comando Sur en el marco de la Cfac. Julio de 2010, Página 7
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La política y los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina
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