La política y los intereses de seguridad de EEUU en AL propuestas de acción colectiva tendrán más probabilidades de ganar respaldo estadounidense si son consistentes con esa agenda doméstica. Por ejemplo, ¿es posible que México y las naciones de América Central elaboren un plan de acción colectiva contra el crimen organizado que no dependa del uso excesivo de las fuerzas militares? ¿Puede un enfoque regional antinarcóticos operar sin la presencia de personal estadounidense? ¿Es posible que algún grupo ad hoc de naciones, incluido Brasil, sirva como instrumento para determinar los hechos en la disputa entre Colombia y Venezuela? Este sería el preludio de un esfuerzo para mediar en el conflicto, y tendría como modelo el grupo ad hoc que detuvo la lucha entre Perú y Ecuador en los años noventa. ¿Existe una agenda latinoamericana de comercio? La investigación sobre la forma en que esto funciona a nivel subregional, en Mercosur, sugiere que el acuerdo es más probable si se mantiene un foco pequeño. Por ejemplo, acuerdos que se limiten a una industria tienen más opciones de conseguir aprobación que esfuerzos más grandes por abrir(o cerrar) los mercados. Es más fácil lograr acuerdos sobre procedimientos que sobre aranceles. Una iniciativa obvia que ganaría respaldo estadounidense sería hacer transparente la contratación en el sector público. Las políticas para reducir el tráfico de aras peueñas son un ejemplo excelente de cómo las naciones de Latinoamérica pueden tomar el liderazgo de una forma que maximice sus intereses sin amenazar los de Estados Unidos. Es notorio y lamentable que en ese país el cabildeo a favor de las armas haya bloqueado todos los esfuerzos por controlar la exportación de armas pequeñas. En consecuencia, Estados Unidos no puede participar en los esfuerzos hemisféricos por controlar el flujo de armas. Pero, ¿por qué no pueden las naciones latinoamericanas crear una política común para restringir la importación de dichas armas? Hay evidencias de que Estados Unidos estaría más que dispuesto a obedecer las leyes de naciones amistosas en un esfuerzo por poner bajo control el tráfico ilegal. En últimas, las mejores políticas para maximizar la autonomía de los países de América Latina tienen que apoyarse en su capacidad de influenciar a otros. Con excepción de Brasil y de la poca influencia de los mercados, dada por la producción y exportación de bienes de consumo específicos, todos los países de la región influyen en los demás a través de su poder blando. Mientras más consistente, mientras más predecible sea una nación, más relevante se torna su opinión y mayor su influencia potencial en los debates de política en los niveles regional y global. Su consistencia y propósito fijo le han dado a Chile más que su parte de influencia. De otro lado, el esfuerzo de Brasil de intervenir en la disputa nuclear iraní sufrió más por la respuesta de Lula a la supresión brutal de las protestas por parte del gobierno iraní, que por lo desafortunado del momento en que se dio. El poder en el sentido tradicional sigue siendo importante, pero no va más lejos. Ningún país tiene por sí solo el poder de doblegar a otros a su voluntad cuando quiera que decida hacerlo. Se necesitan acuerdos; se necesita persuasión. En un mundo así, las naciones de América Latina tienen una oportunidad. Tienen que aprender a usar su influencia. 1 “América Latina en el Nuevo sistema internacional: la necesidad del pensamiento estratégico,” in Tulchin and Espach, América Latina en el Nuevo sistema internacional, Ediciones Bellaterra(2004). 2 Tulchin, Benitez and Diamint.(eds.) El Rompecabezas. Conformando la seguridad hemisférica en el siglo XXI. Prometeo (2006). Julio de 2010, Página 11
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La política y los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina
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