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La política y los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina
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La política y los intereses de seguridad de EEUU en AL de Honduras. Su representante, Oscar Arias, de Costa Rica, tenía una solución negociada para la crisis, la cual fue bloqueada por la combinación de la oposición de unos pocos conservadores en el Senado estadounidense y por el gobierno de Chávez. Pero aunque no hayan logrado imponer su solución colectiva, el hecho de que hayan podido discutir una crisis de esa naturaleza en la subregión es una marca de progreso. El obstáculo más significativo a la formulación de una respuesta latinoamericana a su oportunidad colectiva de autonomía y de creación de reglas en la comunidad interna­cional es el sentido de incertidumbre de Brasil sobre su papel en asuntos hemisféricos y mundiales. Por cerca de una décadadesde que Fernando Henrique Cardoso declaró que Brasil debía tener una silla en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en Brasilia se ha venido desarrollando un debate sobre el papel que el país debería jugar en los asuntos mundiales. En pocas palabras, dado que la cuestión sería tema para otro docu­mento, el debate enfrenta a nacionalistas tradicionales contra globalistas moderniza­dores. Los primeros dirigidos por Itamaraty, la Cancillería, y algunos de los asesores más cercanos de Lula, prefieren que Brasil ejerza su influencia en Suramérica y que se manten­ga a distancia de Estados Unidos, sin meterse agresivamente en asuntos globales. En su pensamiento hay una significativa dosis anti­estadounidense. Los globalistas moderniza­dores creen que el largamente esperado momento de grandeza de Brasil ha llegado, y que la nación está preparada para jugar un papel de primer orden en los asuntos mundia­les. Los nacionalistas no ven razón para pagar el precio de ser uno de los que hacen las reglas; los globalistas entienden que los que hacen las reglas son hacedores de reglas que asumen sus responsabilidades junto con sus privilegios. Brasil tiene un problema de credibilidad incluso en Suramérica. ¿Por qué habría de involucrarse como pacifista en Honduras, pero no en Venezuela y Colombia? ¿Por qué Argentina y Uruguay no recurrieron a Brasil en busca de ayuda para resolver sus diferencias? En varios de los países de la región, particular­mente en Argentina, la política exterior se ha convertido en un instrumento de contesta­ción política doméstica, cosa que inhibe severamente la habilidad del país para convertirse en un jugador efectivo en los asuntos internacionales. En todos los países la política doméstica juega un papel en la política exterior. Sin embargo, más allá de cierto límite la nación pierde credibilidad como socio confiable y su relevancia en los asuntos internacionales decae. El concepto de acción autónoma a nivel internacional tiene poco atractivo, puesto que lo que cuenta es la forma en que se ganan beneficios locales. Por todas estas razones, en las naciones latinoamericanas se carece de una política exterior autónoma que busque maximizar el interés nacional en los asuntos mundiales y que asegure una visión coherente del papel del país en las relaciones mundiales. La excepción a esta generalización es, por supuesto, Chile. Brasil puede decirse que es una excepción en espera, ya que ciertamente va en esa dirección. México podría llegar a serlo también, cuando se sienta liberado del peligro sofocante que es la violencia de las drogas. Por lo demás, en el futuro cercano la tendencia tiene que ser la de formar peque­ños grupos de naciones, principalmente vecinos subregionales, para actuar colectiva­mente en respuesta a problemas comunes. Julio de 2010, Página 9