La política y los intereses de seguridad de EEUU en AL políticas que robustecieran las instituciones civiles en la lucha contra el crimen organizado y el tráfico ilegal de drogas. Como consecuencia, en Washington el esfuerzo analítico se ha dedicado primordialmente a pensar en amenazas o desafíos potenciales. El primero de estos fue el régimen de Chávez en Venezuela. La revisión de la forma de tratar con Venezuela se inició en la administración Bush, la cual tenía poderosos prejuicios contra Chávez. Se requirieron tres años de debate interno, que llegó hasta el primer año de la administración Obama, para reconocer que Chávez no era una amenaza; a lo sumo su gobierno representaba un desafío que requería una respuesta diplomática. Tal respuesta no era trabajo del Pentágono. Todavía estamos esperando una declaración explícita del Departamento de Estado. Entretanto, es claro que Chávez no tiene intención de usar la venta de petróleo a Estados Unidos como arma política. Él ha usado el comercio como arma contra Colombia, no contra Estados Unidos. Fuera de Chávez, rebajado ahora de amenaza a desafío, Estados Unidos no reconoce ninguna amenaza proveniente de la región. Para el Departamento de Estado la más significativa es el tráfico de drogas y el crimen organizado, problemas intermésticos que no se consideran amenazas tradicionales de seguridad. Consecuentemente, la atención del Departamento de Estado se ha centrado en la relación con México y en la forma de asegurar la frontera entre los dos países, y en la nueva versión del Plan Colombia, a través del cual Estados Unidos ayuda al gobierno colombiano a recuperar el control sobre su territorio nacional. El comercio, otrora considerado como un asunto estratégico vital, ha quedado relegado a último plano debido a la recesión, a tal punto que Estados Unidos ha roto su acuerdo con México sobre la reducción de barreras a los transportadores de carga mexicanos en su territorio, y se han abstenido de ejercer cualquier presión sobre el Congreso para reducir el arancel al etanol brasileño, pese al creciente interés por formas alternativas de energía. Otros estudios estratégicos se han concentrado en la amenaza potencial que representan China, Rusia e Irán. Una vez más, después de casi dos años de discusión, la conclusión es que por el momento ninguna de estas naciones representa una amenaza a la seguridad ni de Estados Unidos ni de la región. El único desafío a largo plazo es la posible influencia de China a través de sus inversiones en materias primas y su comercio, que van en rápida expansión. La ironía aquí es que los propios países latinoamericanos no parecen sentir que las inversiones chinas, ni siquiera los enclaves de inversión con mano de obra y fuerzas de seguridad importadas de China, representen una amenaza ni para su soberanía ni para su seguridad. El interrogante que tiene que planteárseles a estos países es por qué el comportamiento chino, tan similar al de los inversionistas británicos y estadounidenses del siglo XX, debería considerarse intachable, mientras que el patrón histórico de inversión extranjera británica y estadounidense sigue siendo considerado imperialista y denigrante para la soberanía nacional. Al mismo tiempo, varios departamentos del gobierno estadounidense han logrado notables progresos en cuanto a compartir inteligencia con los gobiernos latinoamericanos. La confianza mutua en el manejo del tráfico de drogas, el terrorismo y el crimen internacional, ha alcanzado niveles históricos. El éxito es particularmente notable en los Julio de 2010, Página 5
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La política y los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina
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