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La política y los intereses de seguridad de Estados Unidos en América Latina
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Programa de Cooperación en Seguridad Regional esfuerzos estadounidenses de cooperación militar, que han tenido considerable éxito en el nivel bilateral, incluida Nicaragua, y un frustrante fracaso en el nivel subregional. Los acuerdos multilaterales de seguridad en Centroamérica se mantienen esencialmente como declaraciones en papel, sin efecto en términos de cooperación real que den cuenta de los esfuerzos del Pentágono. La mayor dificultad que enfrenta el Pentágono como la avanzada de la política estadounidense en América Central, es la asimetría estructural entre las fuerzas armadas de Estados Unidos y los gobiernos civiles, con sus instituciones policiales y judiciales civiles. Los problemas de seguridad que enfrenta la subregión son principalmente el crimen y la violencia, asociados a menudo ­pero no siempre- con el tráfico internacional de drogas, y la necesidad de organizar planes efectivos para hacer frente a los desastres naturales, que son impredecibles pero seguros y ocurren con bastante frecuencia Aquí los recursos pertenecen al Pentágono y ellos están entrenados para compartir esos recursos con las fuerzas armadas de la contraparte. Sin embargo, los problemas son sociales y civiles, y requieren la construcción de respuestas estatales efectivas por parte de países cuyas instituciones civiles todavía son relativamente débiles y poco profesionales. El gobierno estadounidense es sensible a esta asimetría, pero en ausencia de cooperación multilateral en el manejo de pandillas, tráfico de drogas y desastres naturales, la opción por defecto deja la iniciativa en manos del Pentágono. Cuando el liderazgo del Comando Sur enfrenta este problema, su respuesta tiende a ser que no tienen otros interlocutores efectivos. Hasta que, o a menos que la administración Obama pueda acopiar suficientes recursos y voluntad política para manejar efectivamente los problemas que enfrenta Centroamérica, los esfuerzos del Pentágono continuarán teniendo la consecuencia indeseada de impedir el desarrollo de respuestas institucio­nales democráticas, civiles, al crimen y la violencia. Por su parte, ninguno de los gobiernos de América Central ha producido una política coherente y efectiva para manejar la asimetría entre la acción militar y la capacidad cívica. Por ejemplo, después del huracán Mitch, Estados Unidos intentó hacer que las naciones centroamericanas crearan una versión regional de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias(Fema), una agencia civil que responde a desastres naturales en ese país. Varios de los centroa­mericanos(Costa Rica, Nicaragua y Honduras) crearon agencias nacionales con características similares, pero no hay unidad civil regional. Por consiguiente, en ausencia de interlocutores civiles, el Comando Sur, que dispone de los recursos para esa clase de tareas, trabaja con sus contrapartes militares. En el mismo sentido, el brazo de seguridad del Sistema de Integración Centroamericano (Sica), la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas(Cfac), es inerte. El Pentágono no puede entender por qué los países de la subregión no pueden trabajar juntos, con el Comando Sur, en asuntos de interés mutuo. Por defecto, el Comando Sur continúa colaborando lo mejor que puede con cada nación, de manera bilateral. En el trato con Latinoamérica en términos estratégicos, el Pentágono se enfrenta con una región en paz, que en materia de seguri­dad internacional no tiene una política regional colectiva claramente articulada. Una política colectiva fortalecería a los gobiernos civiles y facilitaría a Estados Unidos formular Julio de 2010, Página 4