la sociedad- al Estado de Derecho, la garantía de las libertades y derechos humanos constitucionalmente establecidos y la participación social amplia y autónoma. Este corolario de características responderían, pues, al deber ser de la democracia venezolana. En los siguientes puntos se analizará la praxis democrática concreta y se tratará, en lo posible de establecer la brecha existente entre el es y ese“deber ser”. Democracia progresista o regresión democrática El poder del“Uno” El proyecto revolucionario por el que transita Venezuela, encarnado en el Socialismo del Siglo XXI, ha implicado la sumisión de los poderes ciudadano(Contraloría General de la República, Fiscalía General de la República, Defensoría del Pueblo), Judicial(Tribunal Supremo de Justicia), Legislativo(Asamblea Nacional) y Electoral, al Gobierno Nacional (Ejecutivo). Aún cuando la relativa autotomía de los poderes públicos ha representado una constante histórica dentro del proceso democrático venezolano iniciado en 1958(por la decisiva influencia de los partidos políticos en la escogencia de los magistrados del Poder Judicial), la pérdida cuasi-absoluta de dicha autonomía constituye un fenómeno nuevo que se ha venido fraguando, gradual pero sostenidamente, durante los últimos seis años. En el actual sistema político venezolano absolutamente todos los poderes son ejercidos por funcionarios identificados con el proyecto revolucionario y, específicamente, con el Presidente de la República. El Jefe de Gobierno concentra así un poder que carece de controles efectivos puesto que la designación de las autoridades de las instancias formalmente encargadas de realizar dicha supervisión depende, en prácticamente todos los casos, de la decisión presidencial.“Él es el centro; nada escapa a su control y opinión; todas las instituciones lucen pequeñas. La adulación hacia las personas por parte de sus colaboradores se ha transformado en una práctica“institucionalizada”; las críticas de sus funcionarios son inexistentes, es él quien las hace”(Sucre Heredia: 2009). Como consecuencia directa de lo anterior, la praxis política de todos los poderes, exalta el papel del“Líder Único” e impregna a la sociedad venezolana con una especie de culto a la personalidad, característica de regímenes pseudo-democráticos con tendencias al autoritarismo y de los“liderazgos mesiánicos”. En este contexto, y por la vía de los hechos, el Estado, el gobierno y el partido tienden a fusionarse entre sí y con el liderazgo incuestionable de un solo hombre. Los/as diputados/as de la Asamblea Nacional, mayoritariamente oficialista, en su función de representación, no responden a los requerimientos de la población que los/as eligió; de la misma manera, aprueban cualquier ley que el Ejecutivo“someta a su consideración” y confieren de manera frecuente-y sin razones que lo ameriten- poderes extraordinarios al Presidente para legislar, utilizando recursos como la“habilitación legislativa” y el procedimiento de la“urgencia parlamentaria” para obviar la consulta; su función de controlar las actuaciones del Ejecutivo no se ejerce y las formales rendiciones de cuenta que anualmente presenta el Presidente al parlamento, se transforman en meras arengas políticas interrumpidas solo por efusivos aplausos. Ni siquiera las formas se guardan; el sometimiento del máximo órgano legislativo al Ejecutivo Nacional, en la figura del Jefe de Estado, es reconocido-y por demás justificado- por los/as propios/as asambleistas. 9
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La democracia Venezolana en el contexto de la constitución de 1999 : entre el es y el deber ser
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