X. La participación como eje de construcción democrática Las autoras de La renovación programática del Frente Amplio analizan la importancia otorgada a la participación por la sociedad uruguaya. Dado que la participación política es un valor comúnmente asociado a la izquierda, que hace de la democracia participativa su versión particular del funcionamiento republicano deseable, es importante ver cuánto estos valores son comprendidos por la población en su conjunto, como forma de ver si la izquierda está en sintonía con la sociedad a la cual quiere expresar. La participación como valor es un distintivo de los ubicados en la izquierda del espectro político en mayor medida que en cualquier otro grupo de opinión. Pero este valor también es más alto entre los de mayor educación relativa, entre los de mayor ingreso y entre los más jóvenes. Así, los valores de participación, que no son especialmente altos en la población en su conjunto, son altos en los segmentos más informados de la población, los más jóvenes y los que tienen mayor acceso a recursos (Moreira, Selios y Lizbona, 2009: 17). Las imágenes de la democracia posible y del orden deseado dependen, en definitiva, de los mapas ideológicos y marcos conceptuales con que ordenamos el mundo, según expresa Norbert Lechner. Si bien en los mapas ideológicos y marcos conceptuales progresistas en Uruguay la participación ciudadana es un discurso que define un campo político, el fortalecimiento de la autonomía social está lejos de ser una estrategia de gobierno. Existen muchos modelos de participación a veces exclusivamente informativos y sin capacidad de incidir efectivamente, lo que debilita las posibilidades de fortalecimiento de una estrategia ciudadana. La creación de identidades políticas como ciudadanos depende de una forma colectiva de identificación de las exigencias democráticas que se encuentran en una variedad de movimientos: de mujeres y feministas, de afrodescendientes, de trabajadores, por la diversidad sexual, de ecologistas, urbanos y rurales. La construcción de un nosotros con cadena de equivalencias en sus demandas, como dice Chantal Mouffe(1999), supone reconocer que un concepto de democracia inclusiva debe articular esta diversidad de subjetividades sin hacer predominar unas sobre otras. No se trata de una mera alianza entre diferentes intereses, sino de cómo modificar la identidad misma de los movimientos para trascender intereses propios. Esta posibilidad de interacción, negociación y diálogo depende también del clima democrático de la sociedad, de la afirmación y el ejercicio de derechos, de los debates y la crítica, de la reflexión y las acciones de control ciudadano, en una pugna constante por abrir nuevos ámbitos de participación. La democracia de ciudadanas y ciudadanos requiere el fortalecimiento de la sociedad civil en todas sus expresiones y formas de organización, para recorrer, como dice De Sousa Santos(2000: 330),«un camino de debate, de confluencia de experiencias y de reconocimiento de las nuevas formas de sociabilidad, de nuevas subjetividades emancipatorias, de nuevas culturas políticas 27
Druckschrift
Disputas democráticas : las mujeres en los espacios de representación política
Entstehung
Einzelbild herunterladen
verfügbare Breiten