planteó como una alternativa al sindicalismo politizado y de confrontación de la cut y buscó pragmáticamente el diálogo con el empresariado y el gobierno. fs proponía un sindicalismo independiente y la defensa de la libertad y la autonomía sindicales. Paralelamente a la constitución de estas nuevas centrales sindicales, las confederaciones nacionales de la estructura sindical oficial mantuvieron su poder intacto en base a su capacidad recaudatoria, apoyada en el«impuesto sindical». La década del 80 estuvo marcada por altas tasas de inflación, lo que orientó el debate hacia las cuestiones económicas y generó enfrentamientos permanentes entre sindicalistas y empresarios, en los que la huelga fue la principal herramienta de lucha. Al mismo tiempo, el sindicalismo desempeñó un papel fundamental en la redemocratización del país y participó activamente en el proceso de elaboración de la Constitución de 1988. Esta presión garantizó constitucionalmente importantes conquistas para los trabajadores y generó cambios en la vida sindical. De esa manera se consolidó un movimiento sindical muy activo, que se transformó en un actor relevante de la escena política nacional. El sindicalismo a la defensiva: los 90 A comienzos de los 90, con la apertura financiera y comercial iniciada por Fernando Collor de Melo, Brasil ingresó desordenadamente en la globalización. La exposición brusca a la competencia internacional y la reorganización productiva que ésta generó, sumada a las privatizaciones, disminuyeron el número de puestos de trabajo y tendieron a flexibilizar las condiciones de empleo. En los años siguientes, durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, tomó cuerpo la propuesta de ajustar el sistema de relaciones de trabajo, que intentó ser adaptado al nuevo orden globalizado. Diversos aspectos de la legislación laboral –la remuneración, el tiempo de trabajo y las formas de contratación– fueron modificados con el objetivo de flexibilizar aún más las relaciones laborales. La mayor flexibilidad y la precarización, junto con el incremento del desempleo y del trabajo informal, sobre todo entre las mujeres y los jóvenes, debilitaron el poder de los sindicatos, que se vieron obligados a adoptar una posición defensiva frente a las políticas neoliberales. Las luchas por aumentos de salarios típicas de los 80 fueron sustituidas por acciones orientadas a garantizar los puestos de trabajo. Se observó, durante esta etapa, una disminución del número de trabajadores en la base de las organizaciones sindicales. Esto impactó en las fuentes de recaudación de los sindicatos, lo que a su vez contribuyó a la adopción de posturas conservadoras de defensa del monopolio de la representación(sindicato único) y de las contribuciones compulsivas. Al mismo tiempo, el número de entidades sindicales aumentó. En 1989, de acuerdo con el Ministerio de Trabajo y Empleo( mte ) 3 , había en Brasil 9.120 sindicatos(3.140 de empleadores y 5.980 de trabajadores). De acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística ( ibge ) 4 , en 2001 el total era de 15.961(4.607 de empleadores y 11.354 de trabajadores), es decir que la cantidad de sindicatos de trabajadores prácticamente se duplicó. Parte de este aumento fue un reflejo de la creación de sindicatos de empleados públicos, prohibidos hasta 1988. Sin embargo, la tendencia es menos una consecuencia del avance de la organización sindical que de la división de las entidades existentes, lo que contribuyó a debilitar aún más al movimiento sindical. A pesar de ello, la tasa media de sindicalización se mantuvo en alrededor de 26%. Unos pocos sindicatos fuertes y activos, con altas tasas de sindicalización, con3 V. Foro Nacional del Trabajo(s/d). 4 ibge (2001).
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