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Sindicalismo y género : experiencias y desafíos de la Central Unica de Trabajadores de Brasil
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ción sobre género, e incluso en otras activi­dades, como mesas redondas y seminarios. Esa actitud es una señal de las resistencias todavía persistentes a una revisión de los pa­rámetros de pensamiento y expresa también el temor de muchos hombres a verse confron­tados con un tema en que se imaginan que serán cuestionados. El resultado de ello es el debilitamiento de la práctica sindical y la rei­teración de dificultades para que los sindica­tos incorporen a las trabajadoras y se trans­formen en un espacio que las represente de forma adecuada. El desafío crucial de la división del poder Quizás el principal nudo de las relaciones de género en el movimiento sindical sea el des­equilibrio en la participación de hombres y mujeres en los cargos de decisión. En la ma­yoría de las organizaciones, el discurso y la plataforma de acción incluyen la defensa de la igualdad de género y las políticas orientadas a alcanzarla. En muchos casos se ha avanzado más allá del discurso, con programas de ac­ción concretos. Ello es resultado de los recla­mos de las trabajadoras y sindicalistas, pero también es consecuencia de la presión social, cada vez más fuerte, por la aplicación de«bue­nas prácticas» políticamente correctas. En el caso del movimiento sindical, las políticas de género también fueron impulsadas por las or­ganizaciones internacionales, que exigieron que los proyectos de cooperación incluyeran a las mujeres trabajadoras y los temas de gé­nero. Y, finalmente, es consecuencia de los cambios experimentados por algunos dirigen­tes hombres que supieron abrirse al tema. Sin embargo, el cambio decisivo todavía no se ha dado: en la mayor parte del sindicalismo latinoamericano sigue existiendo una inmensa desproporción entre la presencia de las muje­res en la base y su protagonismo en los órga­nos directivos. Las experiencias en distintos países demues­tran que el único camino hasta ahora efectivo para reducir el desequilibrio en los órganos de toma de decisiones en el ámbito político –po­lítico partidario, parlamentario y sindical– es la adopción de una cuota mínima de participa­ción de mujeres 4 . La Cuarta Conferencia Mun­dial de la Mujer realizada en 1995 en Beijing y la Declaración de Beijing+ 10 de 2005 han insistido en la necesidad de la plena partici­pación de las mujeres en la sociedad y en los procesos de toma de decisiones, mientras que la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra las Muje­res(Cedaw, por sus siglas en inglés), ratifica­da por la mayoría de los países, recomienda «asegurar por ley u otros medios apropiados la realización práctica» del principio de igual­dad entre hombres y mujeres 5 . La conquista de la cuota en la cut El debate de la cuota fue introducido por la Co­misión Nacional sobre la Mujer Trabajadora en el cuarto congreso nacional de la cut , en 1991, y su aprobación se produjo en 1993. Durante esos dos años hubo un intenso debate y mu­chas negociaciones. El hecho de que la me­dida haya sido aprobada en el Partido de los Trabajadores( pt ) en 1991 ayudó a vencer las resistencias en la cut , ya que buena parte de los sindicalistas pertenecían a este partido. Hasta el momento en que se comenzó a discu­tir el tema de la cuota, se había logrado intro­ducir en la agenda sindical una serie de temas relacionados con la situación de las mujeres en la sociedad, la división sexual del trabajo, la discriminación y las desigualdades en el mercado laboral. Se avanzó incluso en cues­tiones muy polémicas, como el aborto: en su 4 Vale la pena consultar al respecto Moreira y Johnson(2003). 5 V. texto de la convención en<www.ohchr.org/spanish/law/cedaw.htm>.