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Sindicalismo y género : experiencias y desafíos de la Central Unica de Trabajadores de Brasil
Entstehung
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En las últimas décadas se ha difundido el concepto de gender mainstreaming(«trans­versalización de género»). Es una estrategia que apunta a que todas las áreas de políticas produzcan resultados eficaces para disminuir la desigualdad de género. Las políticas de gé­nero dejan de ser responsabilidad exclusiva de las áreas de la mujer en las organizaciones y pasan a integrarse a todas las políticas: en todos los casos debe analizarse el impacto so­bre la situación de los hombres y de las muje­res, lo que implica que ya no existen áreas de política neutrales en relación con el género. Esta estrategia fue formulada a partir de un balance de las múltiples experiencias del mo­vimiento de mujeres y de las organizaciones internacionales, que no lograron cambiar de manera sustantiva la situación desfavorable de las mujeres en las sociedades, al no com­prometer de manera más consecuente a los gobiernos en esa tarea. El concepto apareció por primera vez en la Tercera Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Nairobi en 1985, como una di­rectriz interna de las Naciones Unidas. En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, realizada en 1995 en Beijing, el concepto de transversalidad de género fue incorporado a la Plataforma de Acción. Luego se extendió a la Unión Europea, lo que significa que es direc­triz para todos los gobiernos pertenecientes a la ue, sus organizaciones de cooperación in­ternacional y otros organismos. La idea innovadora es que la perspectiva de género sea un eje de toda la organización, pre­sente desde los niveles más altos de toma de decisiones. En esa visión, las mujeres dejan de ser las únicas demandantes de una política de igualdad de oportunidades y superación de las discriminaciones, ya que la organización asu­me la meta desde el comienzo del proceso de decisión. Su gran desafío es generar un cam­bio de mentalidad pues, desde el comienzo de la formulación de una política, se debe tener en cuenta qué impactos tendrá sobre la situación de hombres y mujeres. Stiegler(2000) compara la transversalidad de género con una pregunta crucial en las organizaciones, que es el costo económico de las políticas: Si uno se pregunta qué principio interviene en todo proceso de decisión de una organización y se extiende como un hilo a toda ella, uno se topa con el criterio económico, es decir, la pregunta sobre los costos.() de la misma manera que en una organización la pregunta sobre los costos juega un rol decisivo en todo proceso decisorio, así también debe ser con la pregunta sobre el género. Esta se torna un elemento fundamental del pensamiento, decisión y acción de todos los involucrados.(p. 8) La estrategia supone que la perspectiva de gé­nero esté considerada en todas las etapas de elaboración e implementación de una política: desde la decisión sobre qué política se va a adoptar, pasando por su diseño, su ejecución y su evaluación. La organización entera –no solo las mujeres– se involucra en el proceso 9 . Sin embargo, los contextos institucionales, que por lo general todavía oponen resistencias a este enfoque, han hecho que las experiencias existentes no siempre lleguen a incorporar to­dos los elementos de la estrategia. Transversalidad versus organización de las mujeres Hay que tener cuidado con la comprensión equivocada de la estrategia de transversalidad de género. Es habitual suponer que, al adoptar este enfoque, se elimina la necesidad de imple­mentar políticas dirigidas a las mujeres y a su organización, ya que la perspectiva de género pasa a ser responsabilidad de toda la institu­ción. Pero esto es un error: mientras no haya equidad de género plena, es necesario seguir desarrollando también esas estrategias. 9 Al respecto, v. Barbara Stiegler(2003) y Consejo Europeo(1998). 11