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Sindicalismo y género : experiencias y desafíos de la Central Unica de Trabajadores de Brasil
Entstehung
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En el movimiento sindical también se produ­jeron avances importantes. La nueva central mundial ha asumido la igualdad de género como uno de sus principios y objetivos fun­damentales, ha incluido la cuota de género en sus estatutos y ha adoptado un lenguaje que incorpora a hombres y mujeres 11 . La orit tiene muchos años de experiencia en la or­ganización de las mujeres y su actuación ha incorporado la perspectiva de género. Final­mente, se han creado formas de articulación de las sindicalistas en cada región de América Latina. Las experiencias son muy heterogéneas se­gún países, regiones, centrales sindicales, fe­deraciones por ramas de actividad, sindicatos, etc. En el caso de América Latina, un reciente trabajo producido por el Proyecto Sindical Re­gional de la Fundación Friedrich Ebert(2006) compila un conjunto de«experiencias exito­sas» en distintos países y organizaciones que refleja esta diversidad. Barreras a la participación de las mujeres en el sindicalismo El reconocimiento de los avances no debe ocultar la observación crítica de las barreras a la participación de las mujeres y la incorpora­ción de la perspectiva de género que todavía persisten en el sindicalismo. En ese sentido, los análisis de esos obstáculos elaborados en los 80 y 90 permanecen vigentes(Humphrey; Espino; Godinho Delgado 1990; Rigat Pflaum; Souza Lobo). Las barreras se mantienen, en primer lugar, porque no se han solucionado plenamente las desigualdades de género y la división sexual del trabajo en la sociedad en general: las mujeres si­guen ejerciendo una múltiple jornada de trabajo, siguen siendo estigmatizadas en el ámbito fami­liar si asumen algún tipo de participación«extra», como la política, sufren las interrupciones en su carrera profesional y política, junto con otros in­convenientes, como la escasez de guarderías y escuelas de tiempo completo, etc. Por otro lado, persisten las prácticas de exclu­sión de las mujeres dentro del movimiento sin­dical: la falta de interés por conocer la situación de las trabajadoras, las actitudes machistas de muchos sindicalistas hacia las mujeres que se acercan a las organizaciones, las reuniones y las actividades realizadas en horarios que no toman en cuenta sus necesidades, la ausencia de mujeres en los lugares de decisión y repre­sentación, la falta de apoyo material y político a la organización de las trabajadoras. El sindicalismo enfrenta el desafío de tomar en cuenta esas dos dimensiones –los obstáculos a la desigualdad de género en la sociedad y los que persisten dentro de las organizacio­nes– para elaborar su política de género. El esfuerzo de articular estos dos aspectos fue sistematizado en la cut a través de una cam­paña nacional iniciada en 1995, denominada «Ciudadanía: igualdad de oportunidades en la vida, el trabajo y el movimiento sindical», cuyos principales ejes fueron la superación de las dis­criminaciones de género en la práctica sindical y el fortalecimiento de la organización de las trabajadoras; la construcción de la igualdad de oportunidades y de trato en el mundo laboral; y la incidencia de la central en el debate de las políticas públicas, articulada a otras organiza­ciones de la sociedad civil y a organismos de gobierno. Estos ejes se mantuvieron como di­rectrices de la política de género de la cut . Una síntesis del carácter innovador de la experiencia de la cut La política de género de la cut tiene, por su­puesto, debilidades y lagunas, y debe ser vista como una construcción permanente. Sin em­bargo, se destaca en el sindicalismo latinoame­ricano por algunas características básicas: 11 Estatutos de la Confederación Sindical Internacional,<www.ituc csi.org>. 13