Violencia simbólica y proceso sociopolítico Álvaro Rico 1. Sobre la convocatoria más general: ¿qué tienen para decir las ciencias sociales sobre la violencia, la inseguridad y los miedos? D igamos, para empezar, que mi ciencia social—la ciencia política— tiene poco para aportar y dialogar con otras disciplinas sobre la convocatoria. Y que ello no sirva de excusa personal—no interesa—, sino como un síntoma que tiene que ver con el(no) tratamiento político de las violencias en estos últimos 20 años de democracia en el país, que han pasado a ser objeto de estudio de otras disciplinas. Por un lado, producto de una reconfiguración más general del pensamiento en esta época posdictadura, la ciencia política ha recortado su campo de estudio a los exclusivos ámbitos y actores institucionales: al sistema político-parlamentario y de partidos, que es como un sistema autosostenido y autorreferenciado, con sus propias reglas de juego y representantes. Ahora bien, si las lógicas del conocimiento comparten en un todo las lógicas institucionales que estructuran el sistema mismo, entonces realidad política y teoría política se vuelven la misma cosa. Esta última no solo pierde capacidad de distanciarse críticamente de su objeto de estudio, sino que se transforma en una justificación más del statu quo. En síntesis, el fuerte proceso de naturalización del orden político que se ha ido construyendo en estos últimos años, se ejerce también sobre el propio pensamiento político que piensa así el orden como natural. La violencia incomoda al sistema político y al análisis político. Entre otras cosas, porque la política, y en particular el Estado, fue uno de los promotores centrales de la violencia y la enemistad entre los uruguayos en la década de los sesenta y en dictadura, hasta alcanzar el despliegue
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Violencia, inseguridad y miedos en Uruguay : qué tienen para decir las ciencias sociales?
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