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Estado, sociedad y participación social en el gobierno del Frente Amplio : análisis de algunas experiencias
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1. Algunas consideraciones teóricas 1.1. Participación, política y democracia La definición del concepto teórico de participación(ya sea política o social, distinción que introduce una inicial nota de complejidad) representa una tarea inacabada para la filosofía política y la ciencia política. Una primera aproximación a este ejercicio nos indica la persistencia de dos tradiciones o corrientes teóricas claramente diferencia­das, incluso antagónicas: la teoría republicana y la teoría liberal. Estas dos concep­ciones expresan dos formas diferentes de entender la política y la democracia: por un lado, como un fin en mismo, como espacios abiertos en los que los ciudadanos interactúan y construyen un sentido común y compartido; por otro, como medios o instrumentos para administrar y ordenar la convivencia, la competencia y, en últi­ma instancia, el conflicto entre personas privadas(por tanto, como mediación entre intereses particulares). Estas dos tradiciones y enfoques confieren a los ciudadanos estatus diferentes, en tanto sujetos protagónicos del proceso democrático para la perspectiva republicana o meros electores en el registro liberal. La concepción liberal confiere a los ciudadanos un estatus definido y limitado por los derechos negativos, derechos frente al Estado y con relación a los otros ciudadanos, propendiendo a su protección frente al aparato estatal y los otros para poder optar y hacer valer inte­reses particulares. En tal sentido, señala Habermas(1994: 42):«Como portadores de derechos subjetivos, los ciudadanos gozan de la protección del Estado mientras persiguen sus intereses privados dentro de los límites trazados por las leyes». El estatus conferido al ciudadano en la concepción republicana, en cambio, se apoya en la postulación de sus derechos positivos, que buscan garantizar y promover la parti­cipación en la construcción del bien común y la asunción compartida de las decisiones referentes al mundo colectivo, asignándole una responsabilidad política en una comu­nidad de personas que son libres e iguales. Según Habermas(1994: 42):«En la concep­ción republicana el espacio público político y, como infraestructura suya, la sociedad civil, cobran un significado estratégico; tienen la función de asegurar a la práctica del entendimiento entre los ciudadanos su fuerza integradora y su autonomía». Esta diferencia con respecto a la concepción de la ciudadanía y el ejercicio de los de­rechos constituye para Habermas la expresión de un desacuerdo, aún más profundo, sobre la naturaleza misma del proceso político. En este sentido es posible afirmar que la conceptualización de participación refiere, en última instancia, a la concepción de ciudadano que surge de un enfoque teórico de la democracia y del proceso político. En un enfoque republicano, para Arendt la capacidad de iniciativa se basa en dar al ciudadano un rol central y protagónico, y se constituye como el impulso de lo político. Es la capacidad de iniciar algo, de propo­ner, crear y proyectar lo que da sentido a la política. Esa concepción de ciudadano potencialmente activo y responsable, que es capaz de actuar políticamente con intencionalidad da sustento y racionalidad a la apertura de los espacios de partici-