Anexo Para comprender las condiciones en las que se realiza una actividad, nada mejor que abordarla desde lo cotidiano. La base testimonial de algunas mujeres que han alcanzado un nivel de liderazgo permite lograr este objetivo. Petronila Infante Nació en La Paz, pero poco después se fue con su familia a vivir a Eucaliptus porque su papá iba a trabajar en la zona. Cuando él murió Petronila era jovencita, por lo que tuvo que empezar a trabajar como cocinera en una empresa extranjera que buscaba oro, en la que su mamá trabajaba como camarera. Peta, como le decían, tenía que cocinar para unas 40 personas, lo que al principio no le resultaba nada fácil. En 1932, ya casada, se inició la guerra del Chaco y su esposo fue reclutado, y partió para no regresar más; en los periódicos figuraba como desaparecido y luego fue dado por muerto. Ella quedó sola con sus hijos pequeños, y la empresa donde trabajaba cerró sus puertas, por lo que quedó sin trabajo. Con su madre y sus dos hijos regresó a la ciudad de La Paz a ganarse la vida, consiguió trabajo de cocinera, y no tardó mucho en asumir el liderazgo de las culinarias cuando rechazó las restricciones para subir a los tranvías con las canastas de compras para la casa donde trabajaba. Así, lideró una manifestación delante de la municipalidad, convocó a cocineras, cholas, medio cholitas… ¡Llenita la municipalidad! Hemos dicho: ¿Por qué no podemos subir al tranvía? Cuando los tranvías están para las empleadas, no para las señoras. Las señoras ocupan automóviles, el tranvía es para las que trabajan. Las culinarias vieron que con la organización podían lograr sus objetivos y por eso se fijaron también en otras injusticias que padecían. El Sindicato de Culinarias decidió pronunciarse a favor de una de sus asociadas, Juana Morales, en un proceso seguido contra Alejandro Calderón por cobro de indemnización. La mujer había envejecido trabajando día y noche durante más de 20 años a su servicio, pero la despidió arbitrariamente al verla envejecida y enferma, sin pagarle por los años de servicio prestados, ni mucho menos para su curación. Amelia Ticona Vergara Desde pequeña supe que era mujer pues mi mamá no me permitió olvidarlo, quería un hijo hombre y siempre se encargó de hacerme sentir su decepción, pese a que después nacieron otros tres hijos varones, pero más débiles, lo que reforzó el rechazo de mi mamá. Eso me hizo más fuerte, me enseñó que las mujeres no somos valoradas igual que los hombres y sirvió para que fuera un desafío ser mujer en ese ambiente hostil, a lo largo de mi vida. A mis ocho años soñé una vez que iba en avión. Cuando desperté salí a ver pero no había nada; me quedé pensando, contaba las ovejitas que tenía mi papá y pensaba que nunca alcanzarían para pagar lo que podía costar viajar en avión. Desde entonces soñé con volar alto y lejos. Mi mamá me rompía mis cuadernos cuando quería estudiar, decía que no tenía para qué estudiar, que eso echa a perder a las chicas, que solo quieren aprender para leer y escribir a los chicos, y no las hace buenas mujeres. Por eso me empleó por primera vez cuando tenía 12 años, me llevó a La Paz a trabajar como emTrabajo doméstico: experiencias sobre regulación y sindicalización en Bolivia Rosario Baptista Canedo 45
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Hacia un fortalecimiento de derechos laborales en el trabajo de hogar : algunas experiencias de América Latina
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