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Qué MERCOSUR necesita Uruguay? : Qué Uruguay necesita el MERCOSUR? ; Apuntes para entender requerimientos recıṕrocos
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Recorridos, debates y modelos Una sociedad también es lo que cree y lo que quiere ser. En esa dirección, los uruguayos han recreado con frecuencia el mito de una ascendencia exclusivamente tributaria«de los hombres que bajaron de los barcos», desta­cando su condicón de«hijos de la inmigra­ción europea»(básicamente española e ita­liana) y subvalorando y menospreciando otros orígenes inmigratorios así como otras fuen­tes raciales y culturales, como la del negro y aún la del indio. Sin impostaciones indigenistas ni multiculturalismos forzados, la pretensión de una homogeneidad europeizante y el cul­tivo de una ajenidad resistente respecto de los países vecinos de la región y del conti­nente parecen haber estado presentes en las raíces de ese auténtico emblema cultural sim­bolizado en la metáfora –por cierto durante mucho tiempo exitosa– de la«Suiza america­na». Ese«nosotros» del«Uruguay ensimismado», autárquico, educado en la«diferencia» y«para andar solo», antagonista de sus«otros» de la región, se vinculó con la construcción de un imaginario colectivo prevaleciente, aunque fuertemente desfasado respecto de una tra­yectoria histórica inscripta con nitidez en el escenario de los itinerarios regionales. Desde estos puntos de partida, cabe registrar en for­ma sumaria algunos mojones de nuestra tra­yectoria histórica de«larga duración», que per­filan un tropismo regionalista. Se ha referido anteriormente la intensidad de esa tensión entre autonomía e integración que ya resulta visible en nuestra«Colonia débil y tardía», como la llamara Carlos Real de Azúa. Refiriéndose a este período, Reyes Abadie, Bruschera y Melogno han postulado la sínte­sis de la«banda pradera, frontera y puerto». En más de un sentido, esta triple ecuación fun­damental se despliega a lo largo de toda la historia uruguaya. Sin embargo, si hubiera que destacar de esas tres dimensiones una espe­cialmente definitoria, habría que optar tal vez por la frontera, en tanto zona de litigio, de in­determinación, de encrucijada comercial y cul­tural, que alimenta el trasiego y el intercambio cultural y mercantil. Esta condición fronteriza, como hemos dicho, marca también uno de los ejes fundamentales del período revolucionario. El historiador inglés John Lynch ha dicho que hubo dos revolucio­nes en la región: una revolución en el Río del la Plata y otra contra el Río de la Plata. La revolución oriental, sobre todo durante toda la primera etapa artiguista, trató de armonizar primero ambas perspectivas, pero su inevita­ble contraste con Buenos Aires llevó finalmen­te a que debiera ubicarse claramente en esta segunda alternativa. Precisamente uno de sus aspectos centrales fue el que ubicó a los orien­tales del lado de la defensa de la«soberanía particular de los pueblos» contra la vocación absorbente de las ciudades–puerto. La pugna entre federalismo y centralismo o unitarismo tenía que ver directamente con la confronta­ción entre distintas concepciones en torno a las modalidades de autonomía o integración con la comarca. La lucha entre federales y unitarios fue entonces algo mucho más hondo que una controversia sobre modelos diferen­tes de organización política, involucrando más ampliamente dos concepciones fuertemente antagónicas respecto a cómo pensar la revo­lución y hasta el desarrollo del futuro. Durante las primeras décadas de la vida inde­pendiente, el incipiente Estado Oriental y sus vecinos, todos en tanto identidades políticas en vías de formación, participaron de una his­toria que básicamente fue común y en muchos aspectos indistinta. Durante ese largo proce­so que vincula la Revolución independentista, la«Guerra Grande» y la«Guerra del Para­guay», el escenario por excelencia no fue otro que la región. Los Estados nacionales y so­bretodo las naciones no estaban conformadas en el Río de la Plata hacia 1830, año de emer­gencia del Estado Oriental tras la Convención Preliminar de Paz de 1828. Proliferaban por entonces, como ha estudiado el historiador argentino José Carlos Chiaramonte, una mul­tiplicidad de identidades que iban desde dis­tintas formas que referían a las nociones de lo provincial(« oriental» o «porteño»), lo regional 9