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Qué MERCOSUR necesita Uruguay? : Qué Uruguay necesita el MERCOSUR? ; Apuntes para entender requerimientos recıṕrocos
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constituyen un tópico que por cierto trascien­de largamente los límites de este texto. Sin embargo, y en lo que hace al tema central de esta parte del documento, deben advertirse algunos procesos: a. la transformación radical de las condicio­nes de inserción internacional del país, es­pecialmente después del primer shock pe­trolero de 1973, en los umbrales mismos de la dictadura; b. la conformación, más allá de los debates aún vigentes, de pautas y políticas de aper­tura económica, de libertad cambiaria y de capitales, que incluso han ambientado una opinión generalizada –aunque debatida– a favor de un modelo más abierto; c. la incorporación por parte de sectores im­portantes de la población uruguaya de pau­tas culturales y de consumo internaciona­les, contrastando con la persistencia de desigualdades visibles en la distribución del ingreso; d. la prolongación del debate –con distintos actores y argumentaciones– en torno a la problemática de la inserción del país en el mundo, ante la cada vez más generaliza­da constatación de las consecuencias múl­tiples del proceso de globalización. En estas últimas décadas y de la mano de muchos de los procesos y fenómenos antes referidos, el primer mundo se nos ha vuelto más lejano, se ha desarrollado un proceso de creciente«desenganche» de las economías centrales respecto las economías de los paí­ses subdesarrollados, para los que el primer problema ha pasado a ser el de la marginación. En contrapartida, el país ha comenzado a aso­ciarse más radicalmente con la región, con sus beneficios y también con sus riesgos, como lo revelan los avatares de los últimos años. En esta dirección, parece necesario advertir en suma que el M ERCOSUR debe ser percibido también como la«desembocadura» y el coro­lario de todo un proceso histórico que recono­ce una trayectoria de más«larga duración». La firma en marzo de 1991 del Tratado de Asunción, que mereció la adhesión unánime 12 de todos los lemas partidarios uruguayos y el voto conforme de la casi totalidad de los legis­ladores de ambas cámaras, ratificó en más de un sentido el reencuentro nacional con esa lí­nea histórica de su pasado, alimentada y con­solidada por el efecto de las transformaciones radicales del«giro de época» de los últimos 25 años. Sobre este último particular, las mencio­nes podrían ser en verdad múltiples, desde la evolución azarosa de las cifras del comercio exterior y la orientación de los servicios, hasta el paralelismo y el involucramiento creciente de las trayectorias de los sistemas políticos de la región luego de las dictaduras, entre otras mu­chas. Por otra parte, este mayor anudamiento con la región se asocia a su vez con la profun­dización a escala mundial de lo que ha dado en llamarse un nuevo«orden de archipiélagos», referente ineludible para entender muchos de los avatares de estos tiempos de mundia­lización. Hacia una transición de imaginarios Sin embargo, los relatos de la memoria colec­tiva y aún los despliegues historiográficos más recientes en el país no han terminado de ha­cerse cargo de esa«otra» historia uruguaya de inscripción más regional. Ni los temas, ni la heurística, ni aun las preguntas respecto del pasado nacional, ensayadas por los historia­dores o por parte de otros«constructores» de la memoria colectiva, se han ido acompasando con los ritmos pertinentes a las exigencias de esos nuevos contextos que desembocan en el Mercosur y en la«aldea global». Hace ya unos años, en un Seminario local so­bre«Las políticas culturales en el marco de la integración regional del Mercosur», Alberto Methol Ferré focalizaba su reflexión precisa­mente en este problema: «Los proyectistas tienen una tarea inmensa y múlti­ple(...). Hay que articular con nitidez el horizonte histórico que nos unifique el futuro con las raíces, e interrogarnos si el imaginario brasileño, el imagina­rio argentino y el imaginario uruguayo actuales, sir­ven tal como han sido acuñados. Porque han sido