2. El mensaje dominante La deriva autocrática húngara, iniciada en 2019 y hoy plenamente consolidada, empezó con la ocupación de los medios de comunicación, se desarrolló por medio del control de la economía y la sociedad y se radicalizó con la represión del disenso. Cuando semejantes derivas no son obstaculizadas tempestivamente – lo que no hizo la Ue tolerando años los impulsos autocráticos de Orbán, se vuelven realmente contagiosas: la pauta de acción ensayada por Viktor Orbán fue exportada a otros lugares. Un caso ejemplar es el regreso al poder de Robert Fico en Eslovaquia: el líder eslovaco(cuyo partido Smer se autodefine socialdemocrático) pudo consultarse con asesores del entorno de Orbán, además de tener una relación estrecha con el mismo. Las razones de su entendimiento son muchas – la cercanía con Moscú, el interés de Hungría por tener un apoyo en el Consejo Europeo después de la llegada a Polonia de Donald Tusk, que reemplazó a Mateusz Morawiecki. Sin embargo el recorrido de los dos primeros ministros, húngaro y polaco, nos cuenta algo más: una deriva autocrática no se debe solo al impulso por adquirir cada vez más poder y control, sino sobre todo al miedo a perderlos. Comparado con el primer ministro que gobernaba Hungría a finales de los‘90, el Orbán que en 2010 inauguró una deriva iliberal y una transformación autocrática había cambiado, y principalmente por un motivo: en 2002 había perdido el poder. Fico también en un ciclo político anterior había perdido el poder: tuvo que dimitir en 2018 por el asesinato de un periodista, Ján Kuciak, y las protestas que causó aquel caso. Es inútil recordar que también Donald Trump, cuyos impulsos antidemocráticos ya son evidentes, había presidido la Casa Blanca y perdido la presidencia en 2020. Por lo tanto no es solo el ansia de poder, sino la conciencia de que se puede perderlo lo que arma una deriva iliberal: la voluntad no solo de gobernar un país, sino la pretensión de remodelarlo interviniendo en los medios de comunicación, la judicatura, la cultura, la economía, la política. La primera fase de la pauta iliberal es el intento de controlar la información y por consiguiente el discurso y la opinión públicos. Desde este punto de vista Budapest se parece a Bratislava, y las dos urbes comparten con Roma características diversas. En 2024, en el Índice Mundial de la Libertad de Prensa, Italia apareció en el grupo de los“países problemáticos” 4 Friedrich-Ebert-Stiftung e.V. – precisamente donde se encuentra la Hungría de Orbán. El año sucesivo, el índice 2025 registró un empeoramien to, ocupando Italia el lugar 49.«El gobierno Meloni con tribuyó de forma relevante al deterioro de la libertad de los medios de comunicación», señaló Pavol Szalai, responsable de la oficina Ue de Reporteros sin Fronteras. Los ataques contra el periodismo libre, el aumento de las llamadas slapp(querellas mordaza) utilizadas por la política contra quienes están realizando una investigación y sobre todo las transformaciones que se están dando en el servicio radiotelevisivo alarmaron diversas organizaciones por la libertad de información que se reunieron en un grupo operativo(el Media Freedom Rapid Response compuesto por European Federation of Journalists, International Press Institute, European Centre for Press and Media Freedom Article 19 Europe, y Osservatorio Balcani e Cau caso Transeuropa) y hasta organizaron una misión urgente en Italia en 2024. El informe que produjeron lleva el título emblemático(“Silenciar el cuarto estado: la deriva democrática en Italia”). Las conclusiones explican por qué el ataque contra la libertad de los medios de comunicación es también el primer paso que dan todos los líderes con vocación iliberal: de hecho se habla de«intolerancia de la coalición de gobierno hacia toda forma de crítica por parte de los medios de comunicación»,«grave merma de la libertad de expresión» y«debilitación de la calidad de la democracia». Otro rasgo que tienen en común todos los líderes iliberales es también clasificar a los periodistas incómodos como enemigos de la patria:«Lo hace Meloni, lo hace Fico, lo hace Orbán, lo hacen todos ellos», señala Beata Balogová, la pluripremiada directora de Sme, el diario eslovaco más importante, que vivió en carne propia los ataques del gobierno Fico. «El control de la televisión pública representa un hito. Fico lo dijo abiertamente: los periodistas no están para controlar el poder sino para relatar lo bueno del gobierno. En el principio el gobierno propuso una ley que estableciera un verdadero órgano de control del servicio público para cribar sus contenidos: en otras palabras, para censurarlos. Luego de la intervención de la Comisión Ue, este órgano fue eli
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El guion iliberal : así se "orbanizó" el discurso público en Europa
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