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El guion iliberal : así se "orbanizó" el discurso público en Europa
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Profesores y educadores también deben respetar el principio subrayado en la ley: solo la familia hetero­sexual tiene derecho a existir,«el padre tiene que ser un hombre, la madre una mujer». La ley anti-lgbt de Hun­gría«deberíamos copiarla», afirmó en julio de 2021 el entonces ministro de Educación polaco Przemysław Czarnek, manteniendo además que«el que es homo­sexual no es nada normal: es un pervertido» Las nuevas disposiciones de 2021 no solo concernían a la educación sexual de los menores, sino también a los contenidos con los que pudieran toparse: el mercado de la publicidad también debió adaptarse al criterio de la «familia tradicional». En 2022 la operación se tradujo en una guerra surrealista contra los dibujos animados, guerra que de alguna forma fue importada por la ultra­derecha italiana durante la campaña electoral de aquel año: en septiembre Fratelli dItalia emprendió una cru­zada contra los autores del dibujo animado Peppa Pig, tachando de «inaceptable la elección de presentar a un personaje con dos madres. No po­demos aceptar el aleccionamiento de género: instamos que la Rai, la televi­sión pública italiana, que compra los derechos de la serie de Peppa Pig para Italia, no transmita el capítulo». Se trataba de una polémica de importación: la posibili­dad de censurar los dibujos animados en Hungría se concretó precisamente en aquellos meses, gracias al sistema de Orbán: gracias a la ley anti-lgbt que se introdujo en 2021 devino plausible denunciar conteni ­dos audiovisuales a la autoridad de los medios de comunicación que puede imponer multas y obligar a cancelar dichos contenidos. La autoridad regulatoria en realidad es expresión de Fidesz y es la misma que en el pasado quitó la licencia a emisoras independien­tes. Además, si los contenidos aparecen en un libro las denuncias pueden presentarse ante la gobernación civil, emanación del poder central. A los seis meses de entrar en vigor esta ley, la autoridad ya había recibido un centenar de denuncias, algunas incluso contra los personajes de los dibujos animados. «Hace treinta años, cuando mis hijos veían el duende Pumuckl, ¿quién iba a imaginar que le controlarían dentro de los pantalones?», comentó en las redes una usuaria húngara mientras la oposición lanzaba la consigna:«Je suis Pumuckl». La caza de brujas en versión dibujos animados una guerra librada incluso contra la imaginación revela lo pervasivo del martilleo iliberal. Sin embargo, el objeti­vo fundamental iba mucho más allá de la implícita censura de los dibujos animados. Más en general con­cernía a la represión del disenso, como resulta evidente desde una perspectiva más amplia. 12 Friedrich-Ebert-Stiftung e.V.