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El guion iliberal : así se "orbanizó" el discurso público en Europa
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6. Guerra incluso contra la imaginación El gimnasio iliberal es un ejercicio transversal entre dere­chas de origen diverso: como veremos un hilo una pauta, un manual estratégico pone en relación hasta el control que se ejerce en Hungría sobre los dibujos animados que se presumen queer con las batallas de la ultraderecha ita­liana contra Peppa Pig. «El género es el gran problema de Europa», señaló Orbán delante de la prensa internacional cuando las elecciones de 2022 le garantizaron una mayoría parlamentaria incluso más amplia que en los comicios anteriores. La movilización internacional que se produjo en la capital de Hungría en junio de 2025 en contra de laprohibición del la Marcha del orgullo reveló que el ataque llevaba ensayándose durante años en sinergía con otras formaciones europeas. «La ley de Orbán anti-lgbt tiene un parecido con la ley de Putin de 2013», me relató ya hace algunos años durante una entrevista Áron Demeter de Amnesty Hungría. Aun antes de que la ley irrumpiera en en el parlamento, en 2021, el hilo nos conducía a Polonia, donde el PiS aliado de Orbán, en virtud de relaciones políticas intensas, y de Meloni por pertenecer al mismo Grupo de los Conservado­res y Reformistas Europeos(Ecr) trabajaba para allanar el camino. En 2019, en el sur-este de Polonia ya se habían difundido laslgbt free zones, área proclamadas«libres de la ideología lgbt». El año siguiente, el entonces candidato presidencial apoyado por el PiS, Andrej Duda, realizó una campaña electoral de inédita agresividad homófoba que le valió un segundo mandato. En el verano de 2020, al con ­cluirse el ciclo electoral, no se apagaron los tonos homófo­bos: el PiS que en ese entonces también gobernaba el país endureció la represión, como atestiguan los muchos arrestos y acosos a participantes en la manifestación pro­lgbt que se celebró en agosto de aquel año en Varsovia. El ataque contra los derechos lgbt fue un gimnasio para ensayar tanto la división la voluntad de fragmentar la sociedad y polarizar el debate aprovechando batallas iden­titarias contra las minorías como la represión. No es por casualidad que la prohibición de la Marcha del orgullo for­me parte de un paquete que incluye la limitación del dere­cho de asamblea y el atropello político de la vigilancia mediante reconocimiento facial. Vamos a retomar el hilo desde el principio. En Hungría, a pesar de que las encuestas no describan una sociedad homófoba y los activistas lgbt incluso señalen que es uno de los países de Europa central donde los movimientos son más maduros, el martilleo iliberal empezó a hacer mella cuando comenzó la deriva autocrática de Orbán. Ya en 2011 József Szájer, uno de los primeros afiliados de Fidesz y aliado del primer ministro desde los tiempos de sus estu­dios en Oxford, contribuyó a reescribir la Constitución que, en la nueva versión, no reconoce las parejas homosexuales. Menos de una década después el mismo Szajer quien mientras tanto se había vuelto el oficial de enlace de Fidesz en el Europarlamento fue sorprendido en un orgia homosexual en Bruselas; no es el único caso de figuras cer­canas a Viktor Orbán, entre las más beligerantes en la defensa de la familia tradicional, que terminan tropezando con sus propias contradicciones. También emblemático es el caso de Katalin Novák, otra política fiel del premier: fue ministra de la Familia(la«familia tradicional»), el enlace con el World Congress of Families y tejedora de relaciones con los miembros de la Liga, como el actual presidente de la Cámara italiana Lorenzo Fontana; apadrinó la Cumbre demográfica de Budapest, donde en 2023 invitó al escena ­rio a la premier Meloni. Sucesivamente, en febrero de 2024, tuvo que dimitir de presidenta de la República(cargo asu­mido en 2022), tras conocerse que había indultado al vice ­rrector del orfanato de Bicske, el cual había intentado encubrir abusos sexuales a menores llegando a obligar a los niños a prestar falso testimonio. Eso no le impidió a Meloni invitar a Novák en un acto del Atlantic Council en septiembre de 2024. La ex presidenta húngara arrasada por el escándalo de abuso sexual a menores también exhibió con un selfie el encuentro amistoso con Meloni y Elon Musk, acompañándolo con el eslogan:«Solo los niños pue­den salvar el mundo» El hilo nos conduce a la ley anti-lgbt de Orbán, ejemplo de cómo la ganzúa iliberal deforma el discurso público: el par­tido del premier tergiversó en clave homófoba una ley que originariamente debió introducir penas más duras por el abuso sexual a menores. Pero a principios de junio de 2021 antes de la votación final Fidesz enmendó el texto, añadiendo disposiciones relativas a la prohibición de con­tenidos que promueven la homosexualidad y trasformando así el índole de la ley. Bajo el paraguas de la«defensa de los derechos de los menores», la ley «prohibe facilitarles contenidos que desvíen del sexo asignado al nacer o que fomenten la homosexualidad». Guerra incluso contra la imaginación 11