7. Dios, patria, familia y control La ley anti lgbt de 2021 puso de manifiesto la tenden cia que sigue caracterizando las derechas más o menos extremas a utilizar el guion iliberal para afectar a las organizaciones de la sociedad civil. De hecho es también una ley indirecta contra las ONGs: echa trabas a las organizaciones que no se consideren sintonizadas con la ideología de Orbán. El texto establece que a las «ONGs de orientación discutible» se les prohíbe impartir la educación sexual. El uso y abuso de la propaganda identitaria como herramienta para sofocar el disenso se volvió aún más descarado en 2025, un año antes de los nuevos comi cios, cuando el régimen de Orbán advirtió la presión de su competidor: tras integrarse en el sistema, Péter Magyar decidió desafiarlo con su propio partido, Tisza, que según las encuestas había crecido hasta superar Fidesz. Por lo tanto la radicalización aceleró la represión: en febrero de 2025 el premier anunció la“prohibición de la marcha del orgullo” que al mes siguiente se materializó en una enmienda que prohibía reuniones que «promuevan y exhiban desviaciones de la identidad de género correspondiente al sexo al nacer, la reasignación de género y la homosexualidad»; incluso se estableció una multa para los desobedientes. La constitución también fue modificada, gracias a la gran mayoría parlamentaria, estableciendo que el «derecho de los niños a desarrollarse de la forma adecuada» prevaleciera sobre todos los demás derechos. Fue así que Fidesz armó una bomba capaz de dañar el derecho de asamblea y que, sumada con el uso de la vigilancia de reconocimiento facial para individuar a los“multables”, revelaba la verdadera naturaleza y el objetivo de la escalada: instalar un potencial dispositivo represivo. La deriva iliberal es martilleante también porque se construye golpe tras golpe. En el caso de Hungría es especialmente evidente cómo el sistema Orbán vino instalando en el transcurso del tiempo palancas por activar en una fase sucesiva. La prohibición de la marcha del orgullo se armó gracias a la anterior ley antilgbt, utilizando la retórica de la familia tradicional para colar el control del disenso. De la misma forma, también otras palabras fundamentales, queridas por los soberanistas de toda Europa – “patria”,“soberanía” y“seguridad” – pudieron transfor marse en dispositivos autoritarios. Los casos son muchos desde Hungría hasta la misma Italia. En el otoño de 2022, no más instalarse el gobierno Meloni y en los mismos días en que una muchedumbre se reunía a sus anchas en Predappio para celebrar con el brazo levantando a Mussolini, se formalizó un decreto contra las concentraciones, conocido como“decreto anti-rave”. Poco después, en 2025, Giorgia Meloni exhi bió«orgullosamente» la aprobación mediante procedimiento de urgencia – por decreto – de un proyecto de ley que ya existía desde hacía un año en materia de seguridad: la presidenta del Consejo sostuvo que la medida«transforma las palabras en hechos contra los ladrones de casas»(en referencia a las ocupaciones abusivas de inmuebles) y que abarcaba las «normas necesarias para cumplir con los compromisos asumidos con los ciudadanos y los que a diario tienen el deber de defender nuestra seguridad»(en referencia a las fuerzas de policía). Sin embargo, bajo la etiqueta de la“seguridad” la mayoría de gobierno añadió disposiciones como poco inquietantes, por ejemplo la del artículo 31 que contempla que los servicios de inteligencia pueden dirigir y organizar asociaciones con fines terroristas o subversivos. No se trata de defender a un policía común y corriente contra ataques criminales o de proteger a los colectivos más vulnerables de la población, según proclama la propaganda de Meloni, sino de escudar y hacer intocables a los servicios de inteligencia de alto nivel que realicen operaciones no transparentes. En la Hungría de Orbán, la palabra“soberanía” es de las que se distorsionan más frecuentemente para encubrir dinámicas represivas del disenso. En la primavera de 2025 en el parlamento húngaro se presentó un proyecto de ley“en materia de transparencia en la vida pública”; sin embargo los críticos pronto lo estigmatizaron como “ley rusa” porque para reprimir el disenso utilizaba el tema de presuntos agentes extranjeros. No solo establecía que ninguna organización política y de la sociedad Dios, patria, familia y control 13
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El guion iliberal : así se "orbanizó" el discurso público en Europa
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