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Mercociudades y la IX Cumbre de Montevideo : la emerfencia en un nuevo actor de la integración regional
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Declaración de Montevideo En este 2003, en el contexto complejo de nues­tra región y de la escena internacional, las ciu­dades y los ciudadanos de esta parte del subcontinente somos testigos de un auspicioso proceso. El Mercosur, al que muchos profetas de la derrota habían dado por muerto u obsole­to, renace con nuevos bríos y proyectos. Esta nueva coyuntura no es ajena a los recientes pronunciamientos democráticos ocurridos en los países de nuestra región(Argentina, Para­guay y Brasil), ni a la demanda renovada de nuestros pueblos en procura de un modelo de desarrollo diferente, sustentable y solidario. Sin embargo, el futuro de un proceso de integra­ción como el Mercosur trasciende por defini­ción la mayor o menor afinidad ideológica de los gobiernos que lo conforman, para cimentarse en raíces efectivamente institucionales, sociales y culturales, aptas para renovarse y profundizarse en las coyunturas más diversas. En estos últimos años de prueba y desafío, se ha sostenido que el avance del Mercosur de­bía detenerse, enlentecerse o aún disolverse en una suerte de sociedad comercial sustenta­da en vínculos laxos, solo referidos a asuntos arancelarios, con agendas restrictivas y cortoplacistas. Muchos aprovecharon los ava­26 tares de las economías de la región y las pro­pias dificultades del bloque para postular y pri­vilegiar en forma excluyente la opción de im­probables asociaciones bilaterales con países poderosos. Mercociudades, en cambio, desde una óptica progresista y una filosofía conse­cuente de«regionalismo abierto», sustentó una visión diferente. Aun en los momentos más di­fíciles, reclamamos«más y mejor Mercosur». Una y otra vez rechazamos el atajo de las pre­tendidas«soluciones en solitario» y proclama­mos que lo que estaba agonizando no era el proceso de integración sino un modelo restric­tivo de cómo entender el Mercosur y su futuro. Hoy podemos señalar la coherencia y la reno­vada vigencia de nuestra apuesta a la asocia­ción de los países del Sur para construir un presente y al mismo tiempo, para cimentar un destino. La coyuntura presente permite alentar en esa dirección orientadora una expectativa de cam­bios posibles. A nuestro juicio, se abre ante nosotros una nueva agenda para el Mercosur, mucho más prometedora y abarcativa, también más exigente y audaz. Debemos, por ejemplo, contemplar en forma crecientemente gravitante, cuestiones tan urgentes como la coordinación de las políticas macroeconómicas o la articula-