FRIEDRICH EBERT STIFTUNG HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDAS CONJUNTAS: BOLIVIA- CHILE que la Convención de 1954 tiene“carácter subsidiario y sectorial, sobre la actividad pesquera en la zona, con espacios para ambos, pero sólo para actividades de pesquería, no de otro orden”. José Miguel Bákula, escribe que la Zona Especial a la que se refiere ese documento, es un “mecanismo destinado a restar trascendencia a los incidentes y facilitar su trámite, con un evidente carácter precario, por cuanto estaba fuera de las definiciones de las respectivas legislaciones”, cuya finalidad exclusiva era“separar las faenas de pesca entre los dos países” 25 . 65 El Comunicado peruano deja abierta la puerta diplomática.“Este tipo de discrepancias deben solucionarse a través del diálogo bilateral, en el marco de la amistad y la buena voluntad”, dice su texto. Ambos países han expresado su disposición para plantear el caso al Tribunal de La Haya. La discrepancia no tiene arreglo fácil. El Congreso peruano aprobó la ley y el Ejecutivo la promulgó. Chile desconoce su efecto jurídico y queda una zona controvertida de más de 30.000 km2 de mar. Como se trata de posiciones de principio, ninguno de los gobiernos puede dar paso atrás. Y siempre está presente el riego de situaciones de hecho, provocadas o casuales, por la presencia de naves peruanas en territorio que Chile considera de su dominio, o a la inversa. El camino diplomático será accidentado. Chile y Perú saben de estas cosas. Así, la tensión creada por esta discrepancia se suma a la ya existente de la demanda de reintegración marítima de Bolivia. Y escala peligrosamente la intensidad de la confrontación en el área. Una mirada a las relaciones Bolivia-Chile-Perú Por Gustavo Fernández Saavedra El juego diplomático Los tres jugadores han colocado cartas en la mesa diplomática que, a fuerza de usarse, han perdido utilidad y se han convertido en obstáculos adicionales a la solución del conflicto. En una tradición defensiva, heredada de la lógica bélica del siglo XIX, Chile se ha negado a cualquier negociación trilateral, en el temor de que serviría para reconstruir la alianza boliviana-peruana, contra sus intereses. Intenta manejarse bilateralmente. Parte de la premisa de que, resueltas las diferencias con Perú, habrá eliminado la amenaza boliviana. O la inversa. Conrado Díaz Gallardo es el epítome de esta política, enemigo de Bolivia, se hizo confidente del Perú y fue instrumental en el Tratado de 1929. La política pendular de acercamiento a uno para debilitar al otro –que tanto alimentó la Cancillería del Mapocho— ha funcionado para mantener el status quo, pero no para resolver la controversia. El resultado son dos conflictos y ninguna solución.
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Bolivia - Chile : hacia la construcción de agendas conjuntas
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