conjuntamente con el ciclo depresivo de estas economías ha generado una precipitación de situaciones de insolvencia e iliquidez en varios países deudores en diversas zonas del mundo. Ello ha acelerado todo el proceso de discusión y acción en las relaciones de acreedores y deudores. Estas nuevas urgencias son las que demandan de las elaboraciones previas respuestas y orientaciones más practicas que las que ellas pueden otorgar. Ante ello los países urgidos por los desenlaces críticos se lanzan a experiencias de solución individual en la cual comprometen con mucho riesgo sus últimos equilibrios económicos y una porción importante de sus ya escasos créditos de confianza interna y externa. Es obvio que los resultados de las nuevas experiencias ingresarán a la matriz en la cual se deciden los coeficientes de ahorro e inversión interna, los que en Latinoamérica en particular eran ya extremadamente escasos frente a los promedios del mundo desarrollado. En el caso de América Latina sus crecientes diferenciales con los niveles de ahorro e inversión que enseñan otras zonas del mundo en desarrollo compromete aún más la solución de sus problemas actuales. Todo esto está directamente vinculado al tratamiento de la deuda pública. La experiencia latinoamericana demanda al debate actual La velocidad de los cambios en el tratamiento y negociación de las deudas públicas de los países emergentes es notable. En lo que va del año, más precisamente en los tres últimos meses –marzo/mayo 2003– ha sido virtualmente desecha la propuesta de Anne Krueger. Norteamericanos y europeos –por distintas razones– entienden que no es posible radicar en la órbita de una organización desmerecida técnica y políticamente como el FMI la instrumentación y juzgamiento de los procesos de flexibilización de la deuda. Empero, desde el centro crece el reconocimiento que el peso de la deuda soberana de los países dependientes amenaza generalizar un desequilibrio insoportable para el conjunto del sistema. Dado lo cual, los organismos multilaterales han aceptado el imperativo de considerar nuevas formulas de preservación de los riesgos de insolvencias. Incluso, ahora se auspicia la introducción de cláusulas de protección y acción colectiva en las nuevas emisiones de deuda. 5 En pocas semanas no sólo se han producido modificaciones importantes en las estrategias de los acreedores y organizaciones multilaterales. En el área de los deudores; también la simple comunicación inicial del tema ha generado en un conjunto de analistas, funcionarios y militantes de las organizaciones sociales nuevas reflexiones; reflexiones sobre la deuda en si, y sobre todo, en relación a sus vínculos con el funcionamiento de las jóvenes democracias latinoamericanas, con el conocimiento y el relacionamiento con los acreedores y los reguladores. Y también con las propias responsabilidades civiles de centenares de miles de ciudadanos directamente involucrados en el tema de la deuda pública. Dudas nuevas de viejas deudas Quizás lo más interesante de la nueva discusión sobre la deuda sean las interrogantes que genera de inmediato el tema. Dejemos algunas de ellas abiertas como estímulo a la continuidad de la discusión y, sobre todo, como contribución a la extensión del debate al conjunto de la sociedad civil latinoamericana. Interesa observar la posibilidad de lograr integrar en los nuevos análisis los aportes de la vieja discusión latinoamericana sobre acumulación interna y dependencia, ahora en escenarios de globalización y en atención a los imperativos de la economía del riesgo. Por ahora y a manera de resumen veamos tan sólo algunas de esas nuevas interrogantes: 5 Propuestas formales de John Taylor y celebración personal de las iniciativas en tal sentido de México, Brasil y Uruguay. 13
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El sobreendeudamiento soberano en debate : un encuentro, varias visiones, experiencias actuales, una perspectiva diferente y algunas interrogantes para retomar el debate
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