Las relaciones de seguridad entre Venezuela y Estados Unidos: la dimensión global Carlos Romero Méndez La inseguridad política global obstaculiza las decisiones en el marco de una escasa gobernanza mundial, de hecho,“la globalización ha bajado las barreras de entrada. Pero algunos de sus costos, como la pérdida de empleos a gran escala, han creado un terreno fértil para los políticos que quieren mantener fuera a compradores extranjeros. Así mismo, las preocupaciones sobre la seguridad nacional se han traducido en acciones gubernamentales para mantener sus activos estratégicos fuera de manos foráneas”(Timmons, 2006, p. 3). Entre estos factores destaca“la renovada atención en seguridad energética que se da en parte por un mercado petrolero estrecho y por los precios altos del barril, los cuales han doblado su valor en los últimos tres años. Pero también se da esta atención renovada por las amenaza terrorista, la inestabilidad política en algunos países exportadores, el resurgimiento nacionalista y las rivalidades internas, ciertos temores por irregularidades en la provisiones del crudo, las rivalidades geopolíticas y las necesidades energéticas de los países para apoyar su crecimiento económico”(Yergan, 2006, p. 69). El escenario estratégico mundial está cambiando. La dificultad de ganar la guerra con un ataque sorpresa y de destruir totalmente el arsenal atómico del enemigo fueron las bases en las que se sustentó la tesis de la destrucción mutua asegurada(MAD). Eso dio lugar a la idea de que el mundo estaría estable al no presentarse una amenaza real nuclear. Ahora mismo, Estados Unidos está en la posibilidad de garantizarse su primacía atómica y de atacar primero, dada la declinación del poderío nuclear ruso y el pequeño número de cabezas nucleares en manos de otros países. Esto le da a Washington un poder discrecional enorme para defenderse ante rivales nucleares y países retadores(Lieber and Press, 2006, p. 50). Por otra parte,“La reorientación de la política exterior norteamericana tras los atentados del 11-S, la cual consagró el uso unilateral de la fuerza militar para castigar una agresión cometida por un grupo no identificado con ningún Estado y que carecía de una base territorial concreta, ha sometido al complejo de seguridad, y por extensión, al conjunto mismo del sistema de seguridad, a unas enormes tensiones que se encuentran en la raíz de las crisis a las que asistimos”(García Pérez, 2006). Dentro de esta dirección, Estados Unidos confronta cuatro problemas que están relacionados a la hora de negociar sus alianzas de seguridad con los gobiernos de América Latina y el Caribe. Por una parte, todo lo concerniente al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas(ALCA) y al diseño de la agenda hemisférica en materia del combate al narcotráfico y al terrorismo; en segundo lugar, las relaciones bilaterales con algunos países-problema, como son los casos(por diferentes causas) de Venezuela, Haití y Colombia; en tercer lugar, la inestabilidad política que se presenta en algunos países de la región y, en cuarto lugar, la advertencia, tanto estadounidense como europea, sobre que
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