Venezuela en el contexto de la seguridad regional En cuanto a los términos de la cooperación energética, Venezuela cuenta con suficientes ingresos petroleros como para desarrollar un programa de ayuda energética directa y financiera indirecta a nivel mundial y muy especialmente en América Latina y el Caribe, a través de esquemas bilaterales y multilaterales como PetroAmérica, PetroCaribe y el Acuerdo de San José. En este marco, la solidaridad económica de Venezuela se calcula en US$25.800 millones de dólares bajo la forma de un fondo en contra de la pobreza en América, el financiamiento a largo plazo y bajo condiciones financieras especiales de petróleo venezolano a más de 12 países de la región, el programa de suministro de combustible barato para la calefacción a comunidades estadounidenses, y la ayuda especial a Cuba, que incluye no sólo el envío de petróleo y derivados a precios diferenciales sino también el procesamiento de petróleo venezolano en Cuba. Estos programas subsidiados incluyen la eventualidad de un gasoducto que iría del sur de Venezuela hasta Argentina. El petróleo, el gas, el petróleo pesado y extra-pesado conformarán en lo próximos años una promisoria base energética para Venezuela, una Venezuela energética que origina grandes debates y diversas posiciones a la hora de la utilización política de esos recursos. La actuación global de Venezuela y de Estados Unidos Desde el punto de vista de su seguridad, Venezuela ha emprendido una política exterior que tiene como uno de sus objetivos centrales construir una política de alianzas, en particular una política de alianzas anti-estadounidense que se define como el instrumento central para disminuir la dependencia de Estados Unidos, para impulsar un nuevo mapa geopolítico internacional y para impulsar un nuevo liderazgo mundial. El nuevo Canciller de Venezuela, Nicolás Maduro, ha resumido esta visión de la siguiente forma:“Nosotros sabemos que la conquista del mundo pluripolar depende en buena medida de la articulación de los nuevos liderazgos que hay en el Sur. Una articulación concreta, en base a esos proyectos, en base a la construcción del Banco del Sur, la nueva arquitectura financiera del desarrollo de los países del Sur, en base a la construcción de un nuevo modelo de comercio justo entre las naciones, en base a la construcción de un nuevo modelo de intercambio de tecnología y de reindustrialización de los países del Sur, en base a una nueva concepción de integración política. Sabemos que esos liderazgos están a prueba y sabemos que el gran reto es que tengan éxito en la construcción de los elementos que a nivel financiero, comercial, político, sustituyan la hegemonía imperialista que ha sometido a nuestros países y que está profundamente agotada”(www.aporrea. org: 26-09-2006). En este contexto, corresponde señalar que la exacerbación de las tensiones entre Washington y Caracas se produce en un marco regional notablemente distinto al pasado. En el período que comprende desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta el presente, Latinoamérica vivió distintas experiencias autodenominadas revolucionarias, es decir, varios países emprendieron drásticos intentos de cambio en sus instituciones políticas, sus fundamentos económicos y sus estructuras sociales. La Revolución Boliviana no pasó del estadio reformista. La Revolución Peronista no se pudo proyectar hacia afuera porque sucumbió internamente: se produjo la disolución de ese fenómeno en Argentina mediante golpes de Estado sucesivos que buscaron proscribir y debilitar política y electoralmente el 18
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