Elsa Cardozo- Brasil y Colombia en la Agenda de Seguridad de Venezuela Visión desde“el mapa estratégico” venezolano A partir de las caracterizaciones y los contrastes recién abordados, examinemos finalmente, con un mayor acercamiento, el lugar de las relaciones con Brasil y Colombia en la agenda de seguridad venezolana presente. Veamos esa agenda de seguridad en torno al conjunto de asuntos enunciados como relevantes para cada país, para definir luego las posibilidades de trato cooperativo. Valga comenzar por señalar el giro que en términos institucionales tuvo −y mantiene− el trato a los dos vecinos desde 1999: en ambos casos, la estructura de comisiones creadas para atender de forma integrada toda la amplia agenda fue desplazada por la atención presidencial a temas definidos desde la óptica recién descrita, en la que las razones políticas de construcción de alianzas, conflicto con Estados Unidos y proyección internacional del presidente y la revolución pesaron más que las razones amplias (multidimensionales) de la seguridad. En sentido restringido, en cuanto a la integridad territorial y seguridad, no están planteadas ni con Brasil ni con Colombia tensiones por cuestiones de delimitación, aunque con el vecino occidental está pendiente la delimitación de áreas marinas y submarinas, asunto manejado desde 1999 con gran secreto, sin que el asunto haya sido ventilado públicamente ni siquiera en situaciones de alta tensión. Sí hay asuntos fronterizos generadores de inseguridad a los que el gobierno venezolano se ha referido y ha atendido inconsistentemente. El desbordamiento del conflicto colombiano hacia territorio venezolano, aunque dejó de ser tema objeto de frecuentes y abiertos reclamos por parte de Colombia y desde Venezuela, se mantiene como un asunto de difícil trato que ha merecido más intensa atención no gubernamental que gubernamental. Mientras, se incrementa la cantidad de víctimas venezolanas de delitos fronterizos, en los que se mezclan actores violentos de diferente tipo alentados con vacíos de institucionalidad en una franja de frontera en la que prevalece la anomia. Ante las recientes compras de armamentos por el gobierno venezolano, el tema de la carrera armamentista ha sido otra de las cuestiones que amerita atención para el buen observador y, sin embargo, ni Colombia −tan favorecida en el fortalecimiento de su capacidad militar por la alianza con EEUU− ni Brasil −más grande en potencia y vendedor de armamentos− han hecho del asunto cuestión de reclamo público. Por otra parte, el hecho de que Brasil reivindique su derecho a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos ha alentado las expresiones de apoyo a las reiteradas declaraciones de voluntad del gobierno venezolano para desarrollar esas fuentes energéticas. Es sin embargo difícil imaginar en adelante acuerdos en esta materia cuando las posiciones venezolanas se han movido a apoyar las desafiantes posiciones del régimen iraní. Al ampliar el espectro de asuntos de agenda se encuentran coincidencias discursivas generales de Venezuela con Colombia y Brasil en materias como narcotráfico, terrorismo y crimen transnacional, aunque es evidente que respecto a Colombia, Brasil y −con un sentido mucho más político− Venezuela, no han aceptado calificar a la guerrilla colombiana como terrorista. A partir de este aspecto, conviene introducir a Estados Unidos en la agenda: aliado principalísimo de Colombia, importante socio ante el cual Brasil reitera su autonomía a la vez que el carácter estratégico de la relación, y considerado por el gobierno venezolano como el gran enemigo y principal amenaza a su seguridad. 75
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