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La izquierda en Améria Latina y Europa : nuevos procesos, nuevos dilemas
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se convirtió en el candidato más votado por los asalariados del país. 2 El proyecto de la nueva izquierda reformista Las derrotas electorales de los últimos años marcan el fin de un ciclo político–ideológico: el proyecto tecnocrático y centrista al estilo de la«tercera vía» de Gran Bretaña, el»nue­vo centro« de Alemania o la»triangulación» de Bill Clinton, tan exitoso durante muchos años, ha llegado a su límite. Este proyecto se caracterizaba por una adap­tación exitosa de los partidos de izquierda a las expectativas y condiciones de la política y la economía global. Fue la expresión de una interpretación acertada del espíritu político de la época y permitió que, desde la segunda mi­tad de los noventa, los partidos de centroiz­quierda se afirmaran como la fuerza política predominante en Europa. Compartían aspec­tos programáticos similares: la combinación entre una posición moderadamente neoliberal en lo económico y fiscal, la insistencia en un papel limitado pero activo del Estado, y una perspectiva liberal progresista con respecto a cuestiones culturales y de valores que, al ser presentadas como evidencia simbólica de una convicción auténticamente progresista, adquirieron un peso político importante. Los aspectos más relevantes del proyecto de esta «izquierda tecnocráctica reformista»(Werner A. Perger) en Europa Occidental fueron, en principio, las reformas del Estado social, con énfasis en reformas en el mercado laboral y la reducción o redefinición de las prestacio­nes sociales, la disminución de los elementos redistributivos en los sistemas tributarios y la privatización de empresas y servicios públicos en áreas no esenciales, con el fin de reducir el déficit fiscal. Al mismo tiempo, se propició una adaptación de la economía y de los sistemas de previsión al espacio europeo: profundiza­ción del mercado interno, políticas europeas de desregulación y competencia, moneda úni­ca, y fuerte restricción de las políticas indus­triales nacionales. La oferta política se orientó hacia el centro y hacia la clase media. Los partidos de cen­troizquierda se presentaron ante estos grupos como los gestores más eficaces del capitalis­mo. Esta reorientación estratégico–electoral fue necesaria para ampliar la alianza electo­ral y recuperar la posibilidad de convertirse en mayoría. Partió del supuesto de que los votantes tradicionales de los partidos de cen­troizquierda no tendrían otras opciones a las que apoyar y que, a largo plazo, los respal­dos sociales tradicionales de la izquierda –los sectores obreros y la clase baja de la era in­dustrial– se desintegrarían como consecuen­cia del pasaje a una economía de servicios post–industrial. Paralelamente, la educación fue ubicada en el centro del proyecto político. Se le asignaron algunas tareas que excedían el papel clásico de las escuelas y las universidades. En el nue­vo proyecto, la educación asumió el rol que la política fiscal redistributiva había cumplido en la posguerra como instrumento fundamental de la estrategia reformista. De ahora en ade­lante, las inversiones en educación tenían que aportar soluciones a los problemas de justicia social, desempleo y competitividad interna­cional. Las causas del fracaso Estas políticas permitieron a los partidos pro­gresistas atravesar tres lustros con elecciones ganadas y gobiernos bastante exitosos. Sin embargo, en la actualidad, esta oferta política 2 Philippe Guibert/Alain Mergier, Le decenseur social Enquete sur les milieux populaires, Fondation Jean–Jaurès/PLON, Paris 2007, pág. 18. Esta tendencia viene acompañada de una profunda crisis de las organizaciones partidarias: como consecuen­cia de la reducción masiva del número de afiliados(el Partido Laborista británico, por ejemplo, perdió casi la mitad de sus miembros desde 1997), los partidos están perdiendo la capacidad de organizar campañas electorales y movilizaciones.