–de formato político diferente– se va tejiendo la reposición del clivaje izquierda–derecha en América Latina y asoman nuevas alternativas para la articulación, problemática y cambiante, de la democracia y el desarrollo. Una«coyuntura crítica» Estos acontecimientos se producen en el cauce de la transición neo–liberal, que se anuda con las transiciones democráticas y modifica la matriz de desarrollo predominante en el siglo XX, al influjo de la«globalización» y mediante reformas«pro–mercado» que afectan al estado, la economía y la sociedad. Las transiciones están a su vez signadas por cambios relevantes en el sistema político, el modo de gobierno, los formatos de ciudadanía y las normas electorales. Estamos ante un verdadero cambio de época , que dibuja una«coyuntura crítica», es decir: una rotación histórica de envergadura, que en cada país ocurre de distinta manera y deja resultados diferentes, en lo que toca a las reformas estructurales –al grado y las formas de la liberalización– y a la calidad de la democracia. Se abre así un período de«darwinismo político» en el cual los partidos compiten por el rumbo de los cambios y luchan por su propia supervivencia, como seres mutantes, tratando de ajustarse a las exigencias de la transición liberal y a las evoluciones políticas concurrentes. Los partidos y los sistemas de partidos transitan por esta coyuntura con fortuna variada. La fase de turbulencia puede llevar a situaciones de crisis o al«desplome» del sistema de partidos(Venezuela, Bolivia). En Argentina los partidos pasan por altibajos considerables y el sistema en su conjunto –que registra flujos de desinstitucionalización, fragmentaciones importantes y nuevos alineamientos– reproduce su debilidad congénita y la asimetría a favor del peronismo. Por el contrario, hay casos en que se verifica una renovación de los partidos y progresos en el sistema de partidos, manteniendo las unidades antiguas o incorporando nuevos conglomerados. Esto ocurre en países de sistemas de partidos históricamente consistentes(Chile, Uruguay) y aun en sistemas más«rudimentarios»(Brasil) o allí donde hubo por muchas décadas un partido monopólico, con una institucionalidad perdurable(México). Las crisis implican para los partidos problemas de estructura, de identidad, de oferta y representación política, en un cuadro en el que resaltan dos grandes desafíos: los cambios en el régimen electoral y las repercusiones de la transición liberal, que inciden especialmente en los partidos del establishment, exigiendo iniciativas y esfuerzos de adaptación que no todos encaran con éxito. Las transformaciones del modelo de desarrollo –que afectan al estado y la política, la relación con el mercado y los modos de regulación económica y social– alteran el catálogo de funciones y los recursos de poder de los partidos, sus pautas de gobierno y legitimación, la canasta de bienes públicos y las modalidades de vinculación con los sujetos individuales y colectivos(« linkages»). Hay una recomposición en el oficio de«partidos de estado» y se ve trastocada la condición de partidos«keynesianos»: una aptitud que –en base a las formas de intervencionismo propias de los modelos keynesianos, centrales o«periféricos»– les permitía obrar como productores y distribuidores de bienes públicos y de prestaciones reguladoras, a través de programas universales y acciones particularistas, mediante enlaces corporativos y redes de clientela. Al compás de la competencia política, estos cambios generan escisiones y fracturas partidarias, volatilidad y realineamientos electorales, desagregaciones y nuevas oposiciones. Entre las élites y a nivel ciudadano alimentan el«malestar» de la democracia y las actitudes anti–partido, rebajando la popularidad de la política y los políticos, que ya no son lo que eran, ni hacen lo que solían hacer.
Druckschrift
La izquierda en Améria Latina y Europa : nuevos procesos, nuevos dilemas
Entstehung
Einzelbild herunterladen
verfügbare Breiten