El«nuevo orden» –favorecido por el quebranto de los partidos y las limitaciones de la oposición– tiene su pívot en el liderazgo carismático y la renovada popularidad del presidente, cabecera de un enlace vertical(«caudillo, ejército, pueblo»), que se hace fuerte en los circuitos del estado, organiza un riguroso entorno de lealtades y se apoya en una mediación de masas de institucionalidad débil, obrando a través de la acción política y la distribución de bienes. Es una jefatura plebiscitaria, de un perfil antagónico alimentado en su momento por las actitudes de algunos contrincantes, que promovieron un«paro nacional» y buscaron sin éxito derrocar al presidente, a través de un golpe de estado y mediante un referéndum revocatorio. Este talante populista delinea círculos de inclusión–exclusión, generando adhesiones más o menos firmes y ciertos márgenes de tolerancia, con una abstención electoral importante, pero también agravios serios, en un esquema que conjuga las aristas de polarización –las tácticas beligerantes y el fomento de una suerte de un continuo estado de emergencia– con las pretensiones hegemónicas y un designio de permanencia. De ahí los gestos de«refundación», las repetidas tandas constituyentes y las apelaciones a la«revolución boliviarana», que se acoplan con el activismo internacional de Chávez y sus prospectos de liderazgo en América Latina 10 . Con estas trazas, el gobierno de Chávez podría ser caracterizado como una democracia plebiscitaria, con un fuerte sesgo de democracia «delegativa»(O´Donnell 1992), en un régimen «híbrido» o«semi–democrático», dado que el gobierno tiene un origen legítimo, con triunfos electorales reiterados, pero opera en clave de presidencialismo mayoritario, con un ejercicio plenipotenciario de«hiper–presidencialismo», sin equilibrios políticos e institucionales, visto que las posturas beligerantes de Chávez no encuentran oposición política conducente y son acunadas por la ausencia persistente de partidos y las debilidades de la sociedad civil. Estamos ante un caso complicado y de frontera, ya que puede resultar escasa la distancia entre una democracia defectuosa y una deriva despótica. Con esa inclinación y en la medida que se pronuncien algunas de las tendencias evocadas –particularmente en las prácticas de gobierno y sus tratos con la sociedad civil, el diseño constitucional o la armazón de un partido«unitario»– el populismo venezolano podría caer en un«izquierdismo autoritario», que Gino Germani(1962) diferenciaba del«izquierdismo democrático». Sería en todo caso un autoritarismo«competitivo»(Schedler 2006) o«electoral» (Levitsky& Way 2002), mientras quede sujeto periódicamente al plebiscito de las urnas. La social democracia criolla: un estreno histórico La actual temporada latinoamericana trae al mismo tiempo una gran novedad: el estreno de versiones social democráticas en tres países del sur: Brasil con Lula da Silva y la coalición formada por el Partido dos Trabalhadores(PT); Chile con Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, salidos del tandem Partido Socialista–Partido por la Democracia(PS–PPD), en una alianza con la Democracia Cristiana que lleva cuatro gobiernos consecutivos; Uruguay con el debut de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio(FA). A diferencia de lo que ocurre en el ramal de los populismos, los gobiernos de este género surgen con sistemas de partidos que han recuperado su fortaleza tradicional(Chile, Uruguay) o han ganado en consistencia en las últimas décadas(Brasil). Es un suceso absolutamente inédito para la región, protagonizado por partidos de izquierda reformistas o revolucionarios, que ajustan sus estrategias para competir en 10 En esta línea hay que contar la idea de construir el«Socialismo del Siglo XXI» y los demás postulados programáticos incluidos en la reforma constitucional de 1999 y en la que está actualmente en trámite, que Chávez dice haber redactado«letra por letra». De paso, ambas ediciones se encargan de autorizar la reelección del presidente(primero inmediata y ahora indefinida) y además prolongan su mandato(primero de 5 a 6 años, que ahora pasarían a 7).
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La izquierda en Améria Latina y Europa : nuevos procesos, nuevos dilemas
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