lo que supone normalmente una competencia ideológica para hacer valer una re–lectura de la historia y de hecho una«reinvención» de la tradición(como diría Hobsbawn), entrando efectivamente en la«disputa por la nación». c) Participación en procesos políticos marcantes, que acrediten la implantación nacional de los partidos de izquierda. Sin perjuicio de las biografías a largo plazo de cada uno y de los sucesos de los años 1960 y 1970 en Chile y Uruguay, esto último ha ocurrido con las jornadas históricas que en los tres países de referencia labran la transición democrática. Caso a caso, se registran sin duda otros acontecimientos significativos, en la nueva etapa democrática y eventualmente durante las pulseadas de la transición liberal. Como apuntamos, estos procesos llevan a los partidos ideológicos, con referencia de clase, a convertirse a su modo en izquierdas de porte«nacional y popular». Se irá labrando así un«revisionismo» ideológico y programático, que acuna la competencia hacia el centro –en busca del votante medio– tal como pronostican los modelos espaciales de competencia, en sistemas de partidos relativamente consistentes y situaciones políticas que se ajustan a una curva ideológica «normal», sin polarización y con la mayor parte de los electores ubicados en el centro del espectro izquierda–derecha. El centro no es sin embargo un blanco fijo, sino un espacio complejo, de franjas móviles, que pueden correrse hacia la derecha o hacia la izquierda, por obra de la propia competencia política. A este respecto, vale traer a colación el«teorema» político mediante el cual Maurice Duverger explicaba el crecimiento de la izquierda en la Francia de los años 1930: refiriéndose precisamente a un movimiento de doble sentido, a través del cual la izquierda se acerca a los franceses y los franceses se acercan a la izquierda. El«conservadurismo de la democracia» En Brasil, Chile y Uruguay, los desarrollos reseñados han dado lugar a experiencias gubernamentales, que es lícito calificar como social–democráticas –con las peculiaridades propias del escenario latinoamericano– en la medida que puedan verificarse los rasgos típicos que definen las fórmulas de tal género 12 . En términos esquemáticos, podemos esbozar la siguiente caracterización: Gobiernos compuestos por partidos de izquierda, de origen socialista, reformista o revolucionario, que asumen las reglas y el sistema de restricciones –políticas y económicas– de la democracia liberal y de la economía de mercado, Gobiernos que –en virtud de su ideología y movidos por la competencia política inter e intra partidaria– tratan al mismo tiempo de impulsar orientaciones distintivas, sobre todo en las políticas sociales, pero también en el rubro de los derechos democráticos y eventualmente, en líneas de política económica, aun cuando acaten los requerimientos de la época en materia de disciplina macroeconómica. Ambos extremos obran en régimen de compromiso, a través de contradicciones, relaciones de fuerza y juegos de equilibrio complejos, que tejen un balance concreto, variable y variado, entre capitalismo y democracia, política y economía, lógica de mercado y lógica social. Tales rumbos plantean una tensión de convergencia y diferenciación con respecto a otros partidos, de cara a la ciudadanía y a la constituency propia de la izquierda, que repercuten en la configuración del clivaje izquierda–dere12 La posibilidad de una alternativa social–democrática o incluso de una versión de la«tercera vía» para América Latina ha sido planteada por actores políticos(por ejemplo: el«Consenso de Buenos Aires», labrado por líderes de izquierda de América Latina, incluyendo a Lula da Silva y a Ricardo Lagos) y asimismo por algunos intelectuales(por ejemplo: Helio Jaguaribe; Maravall, Bresser–Pereira& Przeworski o Castañeda& Mangabeira). No obstante, es la primera vez que esta fórmula se concreta efectivamente, con las características constitutivas que indicamos en el texto.
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La izquierda en Améria Latina y Europa : nuevos procesos, nuevos dilemas
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