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La izquierda en Améria Latina y Europa : nuevos procesos, nuevos dilemas
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internacionales de los respectivos países, las vicisitudes económicas y sociales, así como otras situaciones de inseguridad pública. Merced a las características del cuadro en el que inicialmente comparecen y a sus mismas formas de actuar, los gobiernos populistas tienden a reproducir escenarios de polariza­ción política, con asimetrías, concentración de poderes y desequilibrios entre los órganos públicos, mediando una primacía del ejecu­tivo e improntas decisionistas, fallas en los procesos de control y en las instituciones re­presentativas, que muestran carencias serias en términos de«frenos y contrapesos». Ello genera configuraciones que pueden lucir cier­ta fortaleza, pero están a menudo afectadas por la inestabilidad y son en todo caso de baja calidad democrática, cuando no autoritarias. A raíz de esta suma de factores, resalta la dis­tancia con el liberalismo político, así como los contrastes de una virtual«democracia popu­lista» con la democracia republicana y los regí­menes marcados por el pluralismo. En los términos que hemos descrito, el populis­mo parece tener esquemáticamente tres derro­teros posibles: consolidarse como tal, ir hacia una derivación pluralista o vivir en una inesta­bilidad endémica, cuando no terminante. En efecto, de no mediar cambios que promuevan la paridad de poderes, pluralismo partidario y mejorías institucionales, la persistencia de los populismos y la estabilización de los regíme­nes de este linaje depende de sus logros en la construcción de una nueva hegemonía y de la consistencia de sus montajes de organiza­ción, siempre con el soporte de una estructura de liderazgo y de un sistema de alianzas con­ducente. A lo largo de nuestra historia, sólo la Revolución Mexicana dio lugar en su momento a una democracia populista duradera –el único régimen estable del nacionalismo popular la­tinoamericano– merced a su origen revolucio­nario y a las demás peculiaridades de su ges­tación política, en particular: la alianza que se sella muy trabajosamente entre las fracciones de la familia revolucionaria y una instituciona­lización robusta, con un encuadre de masas, que se delinea hacia fines de los años 1920 y se 20 afirma en seguida con las construcciones del cardenismo. En los demás casos, los rodajes del populismo –en itinerarios interrumpidos o con vida más larga, con efectos más o menos perdurables– tienden a recaer en vicios políti­cos similares a los que permitieron su lanza­miento inicial. Del populismo de los antiguos al populismo de los modernos Las experiencias populistas de mayor calado sobrevienen en las«coyunturas críticas»(Co­llier& Collier 1991), durante grandes ciclos de mutación histórica que tienen distintos proce­samientos políticos. En unos países pasan por esta vía, en otros se tramitan por carriles dife­rentes y aun contrapuestos, como ocurre en los pocos casos donde median sistemas de par­tidos plurales y competitivos. En los cuadros de debilidad institucional a que hemos hecho refe­rencia, llega a haber andamientos populistas, que circulan por las fallas del sistema, ingresan en un«vacío» preexistente o generan disrupcio­nes por su propia ofensiva antagónica. Hubo experiencias populistas en las fases de «democratización fundamental», es decir en las coyunturas históricas de pasaje de la política de élites a la política de masas, que comienzan en varios países en el tránsito al siglo XX. Lo cual implica una«incorporación popular», que se cumple por etapas y presenta facetas distin­tas: se refiere a la extensión de la ciudadanía política, mediante el sufragio universal mascu­lino; comprende también la conversión de las capas medias y bajas en sujetos activos del mercado, que reciben complementariamente servicios no mercantiles de protección o«bien­estar», lo que en algunos casos ha dado lugar a gestaciones de ciudadanía social. Los populismos«clásicos» se despliegan en la etapa del desarrollo nacional(«hacia adentro»), que dio paso al keynesianismo«periférico», la ampliación del estado y del mercado interno, el capitalismo«protegido» y segmentos de in­tegración social, con clientelismo de masas y articulaciones corporativas. Esta tanda del